miércoles, 13 de enero de 2010

El honor de los Jedi (51)

51
Luke asiente. Sidney apunta el bláster a la ventana y aprieta el gatillo. Un relámpago verde abre un agujero del tamaño de la cabeza del pada en el plasticompuesto transparente. Sabiendo que los soldados de asalto no pueden pasar por alto el resplandor del arma de Sidney, Luke se detiene de golpe para poder molestarles cuando devolvieran el ataque.
Como esperaba, los soldados de asalto se están concentrando en Sidney. Ambos tropiezan con él, y luego le apartan bruscamente a un lado mientras alzan sus armas para disparar. La maniobra le hace ganar algo de tiempo a Sidney, pero Luke sabe que no será suficiente para salvar al pada inexperto.
Desengancha su sable de luz. Para cuando lo activa, los soldados de asalto ya han alzado sus rifles. Dos detonaciones de energía destellan, ampliando el agujero de Sidney al tamaño del un hombre adulto. Agarrado al dintel de la ventana con una garra y un pie, Sidney se balancea a través del agujero y dispara.
Su disparo golpea al jefe de los soldados de asalto, haciendo que chocase contra Gideon. Luke avanza unos pasos y cruza la espalda del otro guardia con su sable de luz. Las rodillas del imperial se doblan y deja caer el arma mientras se desploma.
Gideon toma su rifle bláster y la pistola de Luke de los guardias caídos. Luke camina por encima de sus cuerpos, en busca de refuerzos inesperados.
-Vamos a dejar un rastro -dice Gideon, señalando hacia la ventana-. Buen disparo, Sidney -añade alegremente.
El pada parece cualquier cosa menos alegre.
-He matado -jadea, dejando caer su pistola bláster-. El ser está muerto.
-Más muerto que una enana roja -responde jovialmente Gideon-. Ahora tú estás ensangrentado.
El rostro de Sidney muestra su horror. Su hocico cuelga fruncido con la mandíbula desencajada. Sus orejas están aplastadas hacia delante, y sus ojos amarillos están abiertos de par en par como dos señales luminosas.
–No tenías elección –dice Luke, pasando junto a Gideon–. Te habría abierto un agujero humeante del tamaño de tu garra.
Sidney mira al soldado muerto más allá de Luke
–El pada no mata.
–Este sí –dice Gideon, dándole a Sidney una palmadita en el hombro–. Y estoy profundamente agradecido. Pero será mejor que salgamos pitando, o habrá muchas más muertes.
Luke recoge la pistola de Sidney, luego trepa a la ventana fundida.
-Hemos venido aquí a realizar algo, y no podemos dejar que termine ahora.
Sidney se pone en pie, aceptando la pistola.
–Sí... tienes razón. Debemos continuar. Estas muertes tienen que significar algo.
–Ese es el espíritu –dice Gideon–. Ahora, ¿bajamos hacia la mina, o volvemos a nuestras naves?

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