miércoles, 27 de enero de 2010

Boba Fett: Un hombre práctico (VIII)

Nom Anor: evaluación de la reacción de la Nueva República ante la invasión.

No me había dado cuenta de cuánto desprecia la Nueva República a los mandalorianos.
Su papel en el ataque de Birgis es conocido por el mando de la Nueva República, a juzgar por un mensaje que hemos interceptado, y los infieles parecen estar más interesados en odiar a su propia gente que en odiarnos a nosotros. Sin embargo, parecen pensar que simplemente es otro grupo de mercenarios. No saben que Fett los está liderando. Esa podría ser otra arma psicológica que puedo aprovechar más adelante.


Sistema Shirb, Borde Exterior: Nuevo Holgha, tres meses estándar tras la invasión.

Las Cinco Ciudades Santas de Nuevo Holgha ya deberían haber sido evacuadas, pero estaba claro que la Nueva República no había reaccionado a la advertencia, incluso después de haber denunciado su fuente.
Podía haber sido peor, pensó Fett. Podían habernos honrado como héroes de la República y arruinar la diversión.
Con su radar de largo alcance de defensa planetaria saboteado durante la noche, Nuevo Holgha se convirtió en otro mundo que cayó bajo los yuuzhan vong sin apenas resistencia. Sus tropas se encontraban dispersas en otras partes, pero Fett tenía la sensación de que a la larga habrían supuesto muy poca diferencia.
Observó la nave de guerra yuuzhan vong, otra nave de tipo miit ro'ik, mientras se movía por la silueta de los edificios en ruinas de la ciudad como si estuviera... alimentándose.
-Shab, es eso -dijo Beviin, incómodamente cerca de leer sus pensamientos-. Realmente es eso.
Un tubo gigante oscuro y moteado -de al menos el doble de la longitud de la nave- colgaba de la superficie del casco y se arrastraba por la ciudad de abajo, succionándolo todo a su paso. A Fett le recordó un tornado. Observó a través del macrobinocular de su casco cómo aspiraba edificios, árboles... y personas. Cuando más miraba, menos podía creerse lo que veía. En una galaxia llena de extraños modos de morir, este era un nivel completamente nuevo de lo grotesco.
-Están repostando -Beviin estaba paralizado-. Esa cosa realmente está digiriéndolo todo. Qué desagradable.
El paralelismo con el sarlacc era fuerte. Fett estaba convencido de que se había quitado de encima la pesadilla de ser digerido vivo. Ahora no estaba seguro. Pero si estaba consternado de algún modo por lo que estaba viendo, sospechaba que era por él mismo y no por los nuevoholghanos.
-La Nueva República no nos creyó. Bueno, tal vez nos crean ahora.
-Han desplegado tropas para defender Pedd Cuatro -dijo Beviin. Tenía el casco bajo un brazo y se frotaba la frente con el dorso del guantelete. Parecía cansado, probablemente por pasar demasiado tiempo entre misiones volando de ida y vuelta a Mandalore, donde parecía estar haciendo preparativos para el peor escenario... porque aunque los “tipos-cangrejo” a los que había aprendido muy pronto a odiar habían prometido dejar tranquilo el sector, iban a romper su palabra más pronto que tarde-. De modo que piensan que les dimos información falsa.
Fett se dio cuenta de que la Nueva República no sabía tanto acerca de los mandalorianos como pensaba. Los habían juzgado mal.
-Y pensarán que les deslizamos un poco de información precisa para dar efecto. -Comprobó el nivel de carga de su bláster-. Encontraré un modo mejor de convencerles. Aún no voy a rendirme ante esos canallas...
-De todos modos, ¿cuánto tiempo cuesta evacuar un planeta? ¿A dónde trasladas un mundo entero con solo unas semanas de aviso?
-No necesito que me hagas sentir mejor sobre esto.
-Sólo digo que numéricamente no habría supuesto una gran diferencia que la Nueva República hubiera creído la información que les dimos. Millones de personas morirían de todas formas.
Fett pensó en la otra información que había ofrecido a la Nueva República, los planos de las naves de guerra y las muestras de los restos aleatorios de material biológico que él y Beviin habían recogido. La República podía haber estado trabajando en modos de contrarrestar la tecnología orgánica de los yuuzhan vong. Pero lo habían ignorado. Sabía desde el principio que lo harían.
-Seguiremos dándoles información hasta que pillen el mensaje.
-Mientras Nom el Guaperas no nos descubra -dijo Beviin-. Y tarde o temprano va a darse cuenta de que deberíamos ser más eficientes y entonces se habrá acabado todo.
Fett seguía pensando en un modo mejor de pasar datos de espionaje a la Nueva República cuando su comunicador sonó.
-¡Infiel! Al habla el Subalterno Bur'lorr. Necesito vuestra ayuda. Estoy cazando un Jeedai.
-¿Un Jedi? -Fett ignoró el insulto del guerrero y se agarró a la única palabra que jamás pensó que le daría esperanza-. ¿Estás seguro?
-Tiene un arma de luz. Saltó desde lo alto de una cosa edificada y no resultó herido.
-Dejádmelo a mí -dijo Fett-. Los Jedi son mi especialidad. Mataron a mi padre.
Beviin volvió a ponerse el casco y se ajustó el cinturón, haciendo entrechocar las fundas y las vainas que colgaban de él.
-Oya. Sí, es cierto, oya...
-Me dirigiré hacia vosotros -dijo el subalterno-. Su arma de luz no ha dejado ninguna marca en mi armadura, lo que pareció sorprenderle.
Apuesto a que sí.
-Mándame las coordenadas.
-Que tus soldados no se excedan. Nuestros cuidadores quieren un Jeedai vivo para examinarlo.
Fett retransmitió las coordenadas al resto del escuadrón y pasó al canal de comunicaciones seguro.
-Lo necesitamos vivo más que ellos. Un Jedi será capaz de saber que no estamos mintiendo, y puede llevarse los datos consigo.
-Nunca antes he visto un Jedi -dijo Dinua.
Beviin la interrumpió, jugando su papel de padre. Parecía gustarle.
-No estará muy complacido de vernos, o sea que no te fíes demasiado de su sable de luz.
-¿Qué está haciendo aquí un Jedi, de todas formas?
-Está aquí. Con eso basta. Ahora alcancémosle antes de que lo hagan ellos.
Las coordenadas del subalterno les llevaron hacia un largo camino que se desgajaba de lo que había sido la plaza del mercado principal de las Cinco Ciudades. Grandes fragmentos de la misma habían ahora desaparecido hasta sus cimientos, como si los edificios y los árboles nunca hubieran estado allí, señal de que el arma del terror -como los yuuzhan vong llamaban al tubo de saqueo de sus naves de guerra- había pasado por allí. El radar de penetración y los sensores de Fett captaron movimientos erráticos y un objetivo orgánico con temperatura corporal humana, moviéndose en una hilera de casas bombardeadas que aún humeaban por los fuegos iniciados por las armas de magma.
-Bien, podemos localizarle, pero recordar que él también puede sentirnos -dijo Fett. Hizo un gesto para que los hermanos Detta fueran al extremo sur del callejón y Briika y Dinua al tejado roto que lo dominaba desde arriba-. Beviin, ve y entretén al subalterno. Consíguenos algo de tiempo. Tiroc, conmigo.
El Jedi estaba en una sección del callejón de unos diez metros de largo que corría por la parte trasera de las casas. Los escombros lo habían bloqueado parcialmente; Fett lo siguió con su sensor de movimiento hasta casi el final del callejón. Entonces el movimientos e detuvo.
-¿Briika?
Ella envió su visión de la escena al HUD de Fett. A juzgar por el ángulo, estaba tumbada pegada al tejado con la cabeza asomando al callejón.
-¿Lo ves? Va por mal camino.
El Jedi era de mediana edad, un hombre de complexión robusta con pantalones civiles de color gris oscuro y una maltrecha chaqueta azul. Estaba apoyado contra un muro, con los ojos cerrados y el rostro ennegrecido y quemado. Llevaba aferrada en una mano la empuñadura de un sable de luz.
Fett se colocó su mochila cohete y deslizó una carga aturdidora en el lanza-dardos de su muñeca. Con suerte, la conmoción sería suficiente para debilitar al Jedi sin matarlo. Fett necesitaba que el hombre siguiera con el estado de forma necesario para volver a las líneas de la Nueva República.
Fett activó los controles del cohete y pasó volando sobre el muro calcinado cuando el Jedi miró hacia arriba y alcanzó su arma. Para ser un hombre herido, sus reflejos eran asombrosos: su sable de luz estaba zumbando un latido antes de que Fett tomase tierra en el callejón y disparase la carga aturdidora. El proyectil pasó disparado junto al sable de luz que blandía el Jedi y se clavó rápidamente en su pecho, enviando una carga disruptiva por todo su cuerpo. Hizo que se desplomase instantáneamente, y el sable de luz cayó al suelo, pero aún luchaba por alcanzar su arma, con los dedos extendidos y la mano agitándose sin control.
-No tientes la suerte -dijo Fett. Levantó la empuñadura del sable de luz dándole una patada con la punta con pinchos de su bota y la agarró con una mano-. Me falta uno verde para mi colección.
El Jedi no estaba en ese preciso momento en condiciones de usarlo de todas formas. Fett llamó a Cham para que le proporcionara primeros auxilios, pero el Jedi trató de revolverse. Hizo falta que Suvar y Tiroc lo sujetasen mientras Cham le pulverizaba bacta sobre el rostro y las manos. La gratitud no era su fuerte: levantó con violencia la rodilla contra la ingle de Suvar. Briika se acercó para sujetarlo con una llave de brazo alrededor del cuello.
-Muestra algo de respeto -dijo, apretando los dientes-. El Mandalore te está hablando.
El rostro quemado del Jedi consiguió hacer una mueca.
-De modo que tú eres Boba Fett. Y yo que no pensaba que los Manda...
-Por una vez, necesito un Jedi vivo -interrumpió Fett-. Tú servirás. Corta la cháchara y escucha.
-Dispárame. Sabes lo que me harán los vong.
-He dicho que te calles. -Fett se acuclilló junto a él-. Os ofrecimos información sobre este ataque y la tecnología vong, pero vuestra gente la ignoró. Os la vuelvo a ofrecer. Establece un canal de mensajería seguro, y nosotros os suministraremos datos de inteligencia mientras no nos quedemos sin suerte.
Cham, todavía administrando primeros auxilios, clavó una dosis de analgésico en el cuello desnudo del hombre. Fett tuvo que reconocérselo al Jedi. Ni siquiera se estremeció.
-Estás cometiendo un desliz, Fett -dijo con voz ronca-. Proporcionarnos información falsa es de aficionados.
-Estoy arriesgando la vida de todos y cada uno de los mandalorianos por darte esto, chulito de cara.-Fett estaba tan exasperado que abrió de un tirón la chaqueta del Jedi y le introdujo a la fuerza el último chip de datos en su cinturón-. Haz tus trucos de magia. Observa qué te dice tu preciosa Fuerza acerca de nuestras intenciones. Ahora coge eso y corre. Entretendremos a los vong, pero entrega eso a vuestros servicios de inteligencia y no arruines nuestra tapadera. Somos traidores, ¿de acuerdo? Mientras seamos traidores, podremos conseguir datos de espionaje. Mantén tu fuente en secreto.
El Jedi luchó para apoyarse sobre un hombro. Su nariz estaba a milímetros del visor de Fett. A Fett seguían sin gustarle los Jedi, ni siquiera los auténticos soldados como este.
-Pero nos estáis mutilando. Estáis matando gente. ¿Por qué no luchar simplemente contra ellos?
-Porque la resistencia descerebrada y heroica es buena para los holo-vídeos, pero no es así como funcionan las guerras. -Fett levantó al Jedi poniéndolo en pie. Era un hombre robusto, con el pelo gris de los que anteriormente habían tenido rizos completamente negros. Fett presionó el sable de luz contra su mano; la empuñadura parecía enana en comparación-. Los cangrejos tienen que creer que vamos en serio. Unas pocas vidas frente la galaxia completa, incluyendo el tenerlos alejados del sector Mandalore. Haz los cálculos.
El Jedi miró fijamente su arma.
-¿Finalmente te ha crecido una conciencia?
-No. Acepté el trabajo de proteger Mandalore, y un contrato es un contrato. No hay hay futuro para ninguno de nosotros si los vong se hacen con el poder.
-Yo nunca...
-Nada de discursos. Muévete. Te ayudaremos a escapar de los vong.
Tiroc le hizo una señal.
-Cangrejo acercándose, Mand'alor. Comprueba tu HUD.
-Lo veo. ¿Tienes una nave, Jedi?
-Hacia allí me dirigía.
-Tiroc, asegúrate de que llega a ella y escóltale fuera del sector.
El Jedi se detuvo en seco en la estrecha salida del callejón, haciendo que Tiroc casi quedase atascado. Giró la cabeza para mirar a Fett.
-Kubariet -dijo-. Soy un Caballero Jedi. Kubariet. Sólo el nombre de pila.
Entonces Tiroc le dio un empujón en la espalda y desaparecieron.
Hasta ahora, iba bien. Pero no podía durar, y no lo hizo. En la siguiente brecha, Beviin atravesó la brecha en el muro llena de escombros con exagerada lentitud, con un bláster pesado Merr-Sonn personalizado en una mano y el subalterno yuuzhan vong pisándole los talones. La criatura pasó junto a Beviin empujándole y uno de los pinchos que sobresalían de su armadura golpeó contra la placa de su hombro, marcando una línea en la pintura azul.
Podía haber abierto a Beviin como si fuera una lata de conserva. Pero su armadura estaba forjada con beskar, auténtico hierro mandaloriano que ni siquiera las armas yuuzhan vong podía penetrar. Llevó su mano al cinturón y extrajo su antiguo beskad, un corto y afilado sable forjado con el mismo material.
Esto se estaba poniendo feo muy rápidamente. Iba a haber un cadáver, e iban a tener que esconderlo. Los iconos enlazados de Fett mostraron que Cham y las dos mujeres habían tenido la misma idea y estaban comenzando a dar potencia a las armas montadas en sus armaduras.
-¿Dónde está el Jedi? -preguntó el guerrero. Movía la cabeza de lado a lado y su anfibastón reptaba por su antebrazo-. Corrió hasta aquí. Le seguí hasta aquí.
-No está aquí, amigo. -Briika se colocó entre él y Dinua-. ¿Quieres que vayamos a buscarle?
-¿Qué habéis hecho con él? ¡Decídmelo!
El guerrero giró sobre sí mismo y casi golpea de nuevo a Beviin con su brazo lleno de pinchos. El caza-recompensas deslizó con aire casual el bláster en su funda y agarró la empuñadura cubierta de cuero del beskad.
-Con cuidado -dijo-. Podrías sacarle a alguien un ojo con eso.
Los villips no eran como los comunicadores que necesitaban activarse y manejarse. Los villips eran como estar allí en persona, siempre encendidos, siempre mirando. El guerrero tenía que ser silenciado, y pronto.
Fett ni siquiera tuvo que dar la señal.
Beviin se lanzó contra el villip enganchado en el hombro del guerrero y lo rebanó por la base de un solo tajo, haciendo que cayera rebotando al suelo, esparciendo fluidos. Por una fracción de segundo, el guerrero tan solo se quedó mirando, con las mandíbulas separadas -su boca sin labios parecía permanentemente abierta- y entonces el estrecho callejón se convirtió en un infierno.
-¡Traid...!
Fue la última palabra que dijo el guerrero. La armadura viviente cambió ante sus ojos para proteger su cuello y su cabeza, pero Beviin consiguió golpearle en la mandíbula con su movimiento de vuelta, y un beskad era un arma fuerte. La hoja se incrustó en la mandíbula del guerrero, dejándole jadeando y retorciéndose mientras su anfibastón se transformaba brevemente de serpiente a barra de hierro. Cuando el guerrero cayó de rodillas, el anfibastón se liberó deslizándose, y Fett se tiró instintivamente sobre él, golpeándolo con la vibrohoja montada en su guante y clavándolo en el suelo. Su cola se retorcía. Suvar se apresuró a decapitarlo con su propia hoja.
Fueron un par de segundos que parecieron horas. El subalterno seguía gritando y debatiéndose mientras Beviin luchaba por liberar la hoja de su sable. Briika saltó sobre el guerrero entre los pinchos con forma de guadaña para clavarle profundamente su vibrohoja, pero se resbalaba sobre la armadura de cangrejo vonduun. Dejó escapar un gruñido y volvió a apuñalarlo. Y él seguía resistiéndose.
-Hacedle callar, por el amor de fierfek.
-Shabla pinchos. Cuidado.
Beviin seguía sin poder sacar el sable y agarró la garganta acorazada del guerrero con sus guantes prensores.
-Juguemos a una cosa, shabuir. -Apretó, y los ojos del subalterno miraron fijamente. Su boca se abrió de par en par-. Se llama “el beskar gana a la concha de cangrejo”.
Los guantes prensores habían sido ilegales durante siglos. El beskar micronizado que contenían permitía que pudieran ejercer suficiente presión para hacer añicos el hueso más grueso, y quizá más. La armadura de concha parecía estar plantando batalla, pero Beviin -un hombre comedido la mayor parte del tiempo, por lo que Fett sabía- siguió apretando, maldiciendo en Mando'a completamente incomprensible, hasta que se escuchó un sonido como hielo resquebrajándose y el guerrero dejó escapar un largo balbuceo. La armadura se estremeció, y los pinchos se dispararon hacia fuera un par de veces antes de detenerse.
Lo siguió un segundo de silencio.
Beviin, ligeramente sin aliento, miró sus guantes con una sonrisa distraída.
-Estábamos locos al prohibir esto.
-Recuérdame que derogue esa ley cuando vuelva -dijo Fett.
Tenían suerte de que unos cañonazos cercanos habían amortiguado los gritos. Beviin trató de sacar el sable del cuerpo y finalmente tuvo que poner su bota sobre el pecho del guerrero para poder hacerlo.
-¿O sea que la armadura muere cuando muere el soldado? -Suvar tomó el anfibastón muerto, rebanó algunos pedazos del subalterno y su armadura, y guardó los restos en sus bolsas y bolsillos hasta que estuvieron a rebosar-. Muestras biológicas, no trofeos, ¿vale? Necesitamos tanta información como podamos sobre estas... cosas.
Beviin se agachó y cortó un trozo de cuero cabelludo, con su lacio pelo negro incluido.
-Trofeo. Ahora vayámonos, ¿de acuerdo?
Esta vez habían hecho falta cinco Mandos para acabar con un yuuzhan vong. Pero habían aprendido mucho sobre como matarlos en esa lucha tan breve. Aprenderían mucho más.
Briika se puso trabajosamente en pie, ligeramente inestable. Las explosiones se estaba acercando.
-Todo lo que tenemos que hacer es montar una fábrica de guantes prensores. Fácil. Quiero decir... oh...
Parecía quedarse sin aliento. Bajó la vista para mirarse a sí misma, y entonces volvió a caer de rodillas, presionando su placa pectoral con las manos.
-¿Buir? ¡Buir! -Dinua agarró los hombros de su madre y cuando sus brazos cayeron la sangre oscura que manaba de debajo de las placas de su armadura fue súbitamente visible. Estaba formando un charco entre sus rodillas. Estaba por todas partes sobre el subalterno muerto- Ha sido apuñalada. El pincho de la armadura de cangrejo ha atravesado su traje. ¡Quitadle las placas!
-No, las placas la mantendrán estable -dijo Cham-. Llevadla de vuelta al Esclavo I, rápido.
-Se está desangrando...
Beviin la levantó en sus brazos sin esfuerzo aparente.
-Me prometiste... -dijo ella.
Fett estaba a punto de decir algo brutalmente pragmático, pero se equivocaba, y lo sabía.
-Iremos más rápido si ambos la llevamos con las mochilas cohete.
-Eso pueda que sirva de algo.
-Hagámoslo. Dinua, quema ese cadáver. Si los vong lo encuentran, sabrán que no ha sido un sable de luz lo que le ha atravesado.
Dinua estaba a punto de protestar. Pero simplemente asintió y ajustó el lanzallamas de su muñeca, luego volvió a mirar a su madre.
-K'oyacyi, Buir. -Aguanta, mamá.
Una cosa era llevar a un camarada herido entre dos -Fett no podía recordar haber hecho siquiera eso, claro-, pero maniobrar además una mochila cohete era difícil. Pensó que iba a morir antes de que aterrizasen: seguía repitiendo “Me prometiste...” cada vez más débilmente, y cuando llegaron al Esclavo I apenas estaba consciente.
Beviin le quitó el casco mientras Fett activaba el droide médico de emergencia que guardaba y que no había tenido que usar nunca. La unidad, un cilindro un un extremo redondo de la longitud de su brazo, giraba alrededor de ella como un insecto, colocándole sensores.
-Necesaria transfusión -anunció-. Shock hipovolémico. Estabilizar, suturar vasos sanguíneos en...
-Hazle la transfusión entonces, maldito hut'uun -dijo Beviin. Los droides no tenían modales con los enfermos-. Te tengo, Briika, todo va bien. Estarás bien.
-Me lo prometiste -dijo ella, con súbita lucidez-. Dinua. Gai bal manda.
-Lo prometí -dijo. Se quitó el casco-. Lo juro. No te preocupes por eso. K'oyacyi. Aguanta.
El droide médico deslizó catéteres en el brazo y el cuello de Briika, y Beviin siguió mirando hacia la escotilla como deseando que Dinua apareciera. Fett reflexionaba acerca de la naturaleza variable de las heridas penetrantes, y cómo el poco fiable apuñalamiento era un método para detener a un enemigo. Beviin estaba de pie junto a la escotilla, parpadeando rápidamente y ocasionalmente agitando la cabeza como si discutiera consigo mismo.
El droide médico comenzó a pitar.
-No hay pulso -dijo-. Imposible resucitar.
Ni siquiera había comenzado a hacer la incisión. Beviin no dijo ni una palabra; simplemente se alejó corriendo de la escotilla y comenzó a limpiar la sangre que estaba goteando sobre la escrupulosamente limpia cubierta del Esclavo I. Dinua llegó corriendo, con las botas resonando en la pasarela, cuestión de minutos más tarde.
-Dinua... -Beviin siempre mantenía su palabra. La agarró de un brazo antes de que ella llegase al cadáver-. Ni kyr'tayl gai sa'ad. -Miró brevemente a Fett, y la traducción era para él, no para ella-. Reconozco tu nombre como hija mía.
No tenía que decir que su madre había muerto o que lo sentía. La adopción instantánea le decía a la chica todo lo que necesitaba saber.
Dinua sostuvo su casco boca abajo con ambas manos y lo miró fijamente, con ojos quietos y vidriosos, como si se hubiera quedado congelada en el momento de ponérselo. Y Fett podía sentir de pronto el duro metal en sus propias manos: agachado entre las sombras, con el seco polvo rojo picándole en los ojos, mirando fijamente un casco plateado y azul, completamente destrozado y totalmente entumecido al mismo tiempo al darse cuenta de que su padre se había ido para siempre. Sabía mejor que nadie cómo se sentía la chica, y por un breve instante experimentó una extraña conexión.
-No pasa nada por llorar -dijo suavemente Beviin-. Todos lloramos tarde o temprano. Yo lo hice, eso seguro.
Le estaba hablando a Dinua, pero pese a todo hizo que Fett se sobresaltara. Ella sorbió sonoramente por la nariz y puso el casco boca arriba entre sus dedos extendidos.
-Estoy lista -dijo.
-Esa es mi chica.
No había huérfanos en la sociedad mandaloriana... no por mucho tiempo, al menos.
Excepto yo. Fett no tenía ningún problema con eso. Nadie podría reemplazar nunca a su padre. Era mejor que no lo intentasen.

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