lunes, 5 de noviembre de 2012

Misión a Zila (II)


Nilo puso los ojos en blanco mientras cerraba el enlace de comunicador con el comandante general Carner, que se encontraba en el centro minero. Había escuchando, más que hablado, mientras Carner se quejaba por los habituales problemas burocráticos que parecían plagar cada cargamento que pedía. Nilo se preguntó si alguna vez llegaría a acostumbrarse a lidiar con los delicados egos de sus oficiales superiores.
Dair notó la mirada de exasperación en la cara de Nilo cuando regresó a su oficina.
-¿Qué problema hay? -preguntó.
-Carner quiere saber cuándo debe esperar los suministros entregados por la Tempestad.
Sin duda, era útil tener un compañero de oficina tan hablador.
-¿La Tempestad? Eso es un Destructor Estelar clase Victoria, ¿no es así?
-Así es. De Dulathia -le dijo Nilo-. Nuestros muchachos salieron justo antes de que los rebeldes alcanzaran el lugar. Nos entregó algunos equipos que lograron salvar para nosotros.
Dair se encogió de hombros con la mirada perdida en el espacio.
Nilo meneó la cabeza con desaprobación.
-¿Dónde has estado, Haslip? -Entonces se dio cuenta de la mirada de enamorado en los ojos de Dair. Cada vez que Alexandra Winger pasaba por ahí, el cerebro de Haslip parecía tomarse el resto del día libre-. ¡No importa!
-¿Qué? Bueno, ¿qué era lo que estabas diciendo?
-La Tempestad tuvo que almacenar la mayor parte de los suministros de Carner en Zila.
-¿Por qué? –preguntó Dair.
-Supongo que no quieren que la resistencia se haga con ellos -dijo Nilo.
-Entonces, ¿qué está almacenado en Zila? -preguntó.
-Sistemas de armamento.
-¿Qué quieres decir? ¿AP.9’s, por ejemplo?
-Piensa en grande, Haslip. No estamos hablando sólo de anti-infantería. -Nilo meneó la cabeza con autosuficiencia, su ego inflado por el conocimiento de los pequeños detalles de ese importante cargamento-. Sólo hay un pequeño problema.
Se rió en voz baja.
-¿Qué es tan gracioso? -preguntó Dair.
-Parece que cuando nuestros muchachos abandonaron Dulathia olvidaron una pieza vital del equipo. -Se echó a reír de nuevo-. ¡Es muy difícil cavar un agujero de 40 metros en una montaña sin un taladro de plasma!
Dair abrió sus ojos como platos cuando se dio cuenta de lo Nilo estaba hablando. Un agujero de 40 metros. ¡¿Un pozo para un reactor?! ¡Santo cielo! ¡El Imperio está poniendo cañones de iones anti-orbitales en las minas! Se sintió enfermo sólo de pensarlo.
-¡Hey, Haslip! ¿Estás bien?
Dair negó con la cabeza.
-Sabes lo que eso significa, ¿no? -le preguntó en voz baja.
-Sí -dijo, dejando que la chulería dejase paso al ceño fruncido. Lo único que podía significar era más protección para las minas en previsión de un asalto de la Alianza Rebelde-. ¿Realmente crees que van a venir hacia aquí, Haslip?
Dair tragó saliva, con una mirada de preocupación en su rostro.
-Sí –dijo. Cuento con ello. Mil pensamientos se agolpaban en su mente mientras miraba por la ventana-. Me pregunto si nos evacuarán.
Nilo le miró.
-Tal vez no tengamos que preocuparnos por ello -dijo esperanzado-. ¡Tal vez ese gran almirante entierre a los rebeldes de una vez por todas!
-¿Qué gran almirante? -preguntó Dair, mientras un sentimiento de temor le invadía.
-Has estado bastante desconectado, ¿no? -bromeó Nilo.
-¿Qué gran almirante? -insistió en un tono que pilló a Nilo con la guardia baja.
-¡Cálmate, Haslip! Algún Gran Almirante ha tomado el mando de la flota. El capitán Emba de la Tempestad le dijo al general que su nave ha sido convocada a una cita en las tierras fronterizas con nuestros viejos amigos del Justiciero.
-¿Qué más has oído sobre ese gran almirante? -preguntó Dair.
-No mucho -dijo negando con la cabeza-. Se supone que ha estado trabajando en las Regiones Desconocidas todos estos años desde que el Emperador murió.
-¿Y está reorganizando la flota?
-Si. Emba dijo que este tipo es un genio táctico.
-Un genio, ¿eh?
-Esas fueron sus palabras exactas Supongo que está planeando algo grande... por eso el Justiciero lleva un tiempo sin pasar por aquí.
Por un momento, Dair se perdió en sus propios pensamientos. De vez en cuando circulaban rumores acerca de algo grande, como había dicho Nilo. Pero hablar de un Gran Almirante... eso era nuevo. ¿Podría ese gran almirante volver a poner el Imperio a la ofensiva? ¿Qué significaría esto para Garos IV?
-¿Haslip?
-¿Qué? -preguntó Dair, vagamente consciente de un zumbido proveniente de algún lugar de la habitación.
-¿Vas a responder a eso, o lo dejarás zumbar el resto del día? -preguntó Nilo con una sonrisa divertida en su rostro.
-Oh, sí, claro. -Se aclaró la garganta y activó el comunicador-. Oficina del general Zakar. -Hizo una pausa, escuchando la voz en el otro extremo. No pudo evitar sonreír. Algún capitán quería que el general supiera que los Sistemas de Defensa Aérea habían estado a punto de disparar contra el aerodeslizador del Gobernador Winger. ¡Alex y sus locas acrobacias!
-Sí, capitán. Estoy seguro de que el general transmitirá sus disculpas al gobernador Winger. -Hizo una pausa, moviendo la cabeza-. Sí, señor, se lo diré. Gracias por su llamada, señor.
Dair apagó el comunicador y vio que Nilo había estado escuchando la conversación. Los dos estuvieron un buen rato riéndose mientras Dair agradecía silenciosamente a la Fuerza que Alex estuviera bien. No podía esperar a escuchar su versión de la historia.

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