Para luchar otro día
Kathy Tyers
El rubicundo segundo oficial del carguero vagabundo Dilema se quitó los auriculares.
-Estación Plata está bajo alerta máxima –exclamó-. Alguien tiene
la intención de hacerla estallar en menos de un día.
Tinian I'att se apartó un mechón de pelo rubio rojizo detrás de
la oreja izquierda. La noticia no generó ningún brote de temor, ningún nudo en
la boca del estómago, y eso la decepcionó. Otras personas podían morir,
personas que tendrían razones para seguir viviendo. Parecía incorrecto no
preocuparse.
-¿Quién quiere volarla? –preguntó-. ¿Por qué?
Diez días antes, el Dilema
había recogido a Tinian y sus compañeros de viaje en Ksiczzic III. Tinian nunca
había conocido la pobreza antes de empezar a huir del Imperio. Estaba recibiendo
una formación rápida. La mitad de los mamparos del Dilema soportaban a la otra mitad, y su tripulación lucía con
lamentable orgullo los uniformes desparejados que ella habría llevado
avergonzada en el trabajo, allá en Armamento I'att. El segundo oficial le había
tomado aprecio, aunque ella no lo había alentado. Él negó con la cabeza.
-Todo lo que me han dicho es que parece ser una venganza
personal. Los saboteadores inteligentes no anuncian sus intenciones.
-¿Todavía necesitamos atracar allí?
-Puedes apostar tu dulce... hr'm.
Tinian sintió una mano apretando su hombro. Ese debía ser Sprig Cheever,
el músico que le había prestado el identificador de su esposa. Tinian había
huido del sistema Druckenwell con la compañía de Cheeve, eludiendo las tropas
imperiales que querían el contrabando que llevaba. La esposa de Cheeve planeaba
seguirles en cuanto Druckenwell se calmase.
El segundo oficial dio un paso hacia atrás y habló con
amabilidad.
-Sí, señora. El Dilema
tiene una sección de casco debilitada. No quería alarmarles a ustedes los
pasajeros, pero tenemos que hacer reparaciones aquí en Plata.
-Está bien.
Cheeve, compositor e intérprete de
TecladoBase, llevaba una perilla corta y pulcra. Dejó caer su mano del hombro
de Tinian y se apoyó contra un mamparo.
A Tinian no le importaba cuando Cheeve se
cernía sobre ella. Siempre había sido pequeña para su edad, y había crecido con
guardaespaldas. Cheeve había mantenido las distancias durante sus tres semanas de
huida, dejándole llorar cuando necesitaba llorar, contándole historias cuando
necesitaba distraerse. En Druckenwell, un Moff Imperial había hecho pedazos la
vida de Tinian y se los había hecho comer. Cada una o dos horas se atragantaba
con un recuerdo.
-Hemos venido a hablar con Una Poot -dijo
Cheeve arrastrando las palabras. Una Poot equipaba a siete células de resistencia
en este sector del espacio imperial. Tan pronto como Tinian entregase los
prototipos ilícitos que ella y sus protectores musicales habían sacado de contrabando
de Druckenwell, podría descansar. Habría completado su última razón para seguir
adelante.
Intelectualmente, sabía que debía
encontrar un nuevo propósito... pero saberlo no significaba que quisiera
hacerlo. Había perdido demasiado.
El segundo oficial levantó una ceja
escasamente poblada.
-Buena suerte –dijo-. Tenéis a 16
combatientes de la resistencia esperando antes que vosotros para hablar con
ella. Y ahora mismo está realmente ocupada.
Tinian había conocido a los otros
pasajeros. Habían compartido insulsas raciones en una bodega de carga con olor
a rancio que la tripulación llamaba "comedor". Sus compañeros de
viaje eran los últimos supervivientes de una resistencia diezmada, que trataban
de unirse a la Alianza Rebelde.
-Ella me recibirá. -Cheeve se acarició
la perilla-. Es la tía de mi padre. Tengo una invitación permanente.
La boca del segundo de a bordo hizo una
pequeña y redonda "Ah".
Y
ella querrá lo que está oculto en nuestros instrumentos, predijo Tinian.
Además de su marido supuesto Cheeve,
viajaba con su colega músico Yccakic -un talentoso bith- y su droide Redd Copo
de Metal. Los biths se destacaban entre la multitud a causa de sus cráneos
altos, sin pelo, los pliegues quíntuples de sus bocas y sus largas manos
nudosas. Había aprendido en este viaje que percibían los sonidos con la misma
exactitud que otras especies percibían los colores, e incluso los llamaban con
nombres de colores.
Miró por la pequeña ventana del
carguero. A lo largo de varios grados de arco, una aurora de un rosa profundo
eclipsaba las estrellas. Cinco vórtices oscuros cerca de su centro irradiaban
pulsos de energía dorada que se entrecruzaban formando ondas visibles de rosa claro
y oscuro, amplificándose y amortiguándose entre ellos. Tinian se preguntó qué
eran.
Un cuadrado negro en frente de la
aurora creció y se convirtió en un cubo rodeado por largos cilindros unidos en
ángulos aleatorios. La aurora se dejaba ver entre los cilindros, excepto en el
centro, donde Tinian supuso que permanecía la estación original, dentro de sus
añadidos.
-Estación Plata no parece gran cosa -murmuró
Yccakic-, porque no lo es. Ni siquiera es un buen lugar para esconderse. No
puedo imaginar por qué Una Poot tiene su base aquí.
-Inercia -dijo el segundo oficial-. Atracaremos
en, eh... unos 17 minutos. Creo que querréis abrocharos el cinturón.
Tinian siguió a Cheeve de vuelta por el
crepitante pasillo de la nave al espacio de seis metros con literas que les
habían asignado. Cheeve y Yccakic se habían colocado juntos en una litera, cediendo
galantemente a Tinian la otra superficie apenas acolchada.
Se subió a ella y se abrochó los
arneses de seguridad. A sus pies, desactivada para el viaje, había una gran y
abollada caja metálica roja montada sobre orugas. Redd Copo de Metal era el
droide de sistema de sonido autónomo de la banda. Lo habían apagado con el fin
de hacerlo pasar como equipaje durante esta etapa del viaje, para evitar robos.
Su pequeña caja de seguridad no era lo suficientemente grande para albergarlo.
En el interior de Redd Copo de Metal y de
los instrumentos de la banda se encontraba una serie de componentes
electrónicos que era todo lo que le quedaba de valor. Ella había sido la
heredera de una empresa de armamento. Su difunto abuelo, Strephan I'att, y su antiguo
prometido, Daye Azur-Jamin (¿Por qué no
puedo recordar sus caras?), habían desarrollado un generador de escudo
personal que podía ser montado en la armadura de las tropas de asalto, haciéndolos
verdaderamente invencible. El Moff Eisen Kerioth había ordenado que matasen a
tiros a sus abuelos, para poder reclamar la tecnología como su propia invención
(Al menos puedo sentir odio.). Daye
había saboteado la fábrica y murió bajo sus escombros, antes que permitir que
el Imperio se saliera con la suya en el crimen y el robo. Un cráter de
escombros marcaba donde Armamento I'att había
estado. Los buscadores no encontraron supervivientes.
Parpadeó y miró la protuberante parte
inferior de la litera superior. Debía de estar mejorando. Se sentía morir la
mayor parte del tiempo, en lugar de todo el tiempo. Sólo quería lastimar al
Imperio antes de desaparecer, dando la tecnología de blindaje a alguien que
pudiera producirla y utilizarla. Una Poot había sido la mejor apuesta.
La enorme cabeza sin pelo de Yccakic apareció
sobre el borde de la litera de arriba. Yccakic tocaba una sencilla viola de
fondo. Era uno de los mejores bajos del sector.
-¿Tinian?
-Sigo aquí -dijo.
-Prepárate, chica. Quédate cerca de mí y
de Cheeve cuando estemos en Estación Plata. ¿De acuerdo?
-Claro. -Deseó que dejara de
preocuparse por ella. Ella quería que las pesadillas terminasen. Había vuelto a
soñar con Daye anoche, tratando de advertirle que saliera de la fábrica antes
de que explotara-. ¿Yccakic?
El bith volvió a inclinarse.
-¿Está Cheeve preocupado por la amenaza
de sabotaje? ¿La... venganza de la que nos habló ese tripulante?
La banda había aprendido a confiar en
los presentimientos de Cheeve. Si predecía problemas, se apartaban de ellos.
La cabeza brillante de Yccakic desapareció
por unos momentos, y luego reapareció.
-No le gusta -retransmitió el Bith-,
pero dice, “Aquí en la galaxia, las cosas no siempre son fáciles".
-Qué gran verdad –murmuró ella.
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