viernes, 14 de noviembre de 2008

Ascensión y caída de Darth Vader (IV)

Capítulo 3

-¿Qué tal avanza tu vaina de carreras, Ani? –preguntó su amigo Kitster mientras se encaramaba en la destrozada turbina de un deslizador de superficie en la chatarrería de Watto.
Anakin lanzó una mirada sobresaltada al chico de pelo oscuro.
-¡Baja la voz! –dijo Anakin en voz baja-. ¿Quieres que Watto lo descubra?
Kitster bajó su propia voz.
-Lo siento –dijo-, lo olvidé. ¿Cuánto tiempo llevas trabajando en él?
-Casi dos años –admitió Anakin mientras recogía una junta gastada.
-¿Realmente crees que volará?
-En cuanto consiga algunas piezas más, seguro que lo hará –dijo Anakin, tirando la junta a un lado-. El problema es que, si vuelo con ella, Watto sabrá que la tengo, y entonces querrá quitármela. Así que no puedo hacer otra cosa que mantenerlo en secreto, y seguir volando con sus vainas destartaladas.
-Me gustaría pilotar una vaina de carreras algún día –dijo Kitster melancólicamente.
-Quizá lo hagas. –Anakin no quería herir los sentimientos de Kitster, pero sabía que su amigo no duraría ni cinco segundos en una carrera de vainas. Manejar una vaina de carreras requería reflejos increíblemente rápidos, la competición era feroz, y Anakin –según creía todo el mundo- era el único humano que consiguió volar y seguir vivo. A pesar de este logro, Anakin sabía que tenía que hacerlo mejor para complacer a Watto. En las más de media docena de carreras en las que había competido, se había estrellado dos veces y había sido incapaz de terminar siquiera una vez. El mayor problema que tenía era ocuparse de Sebulba, su antagonista dug, un sinvergüenza con maneras de matón, quien ganaba a menudo y hacía trampa casi constantemente. Sebulba nunca dudaba en empujar a los demás competidores fuera de la pista, y había causado que más de uina docena de pilotos se estrellasen sólo en el último año. ¡Si no fuera por ese tramposo, pensaba Anakin, yo ya habría ganado!
-¿Crees que ganarás la próxima carrera? –preguntó Kitster.
Anakin se encogió de hombros.
-Sería feliz sólo con conseguir llegar a la meta.
Anakin se giró hacia otro montón de metal, y se encontró mirando un par de lentes ranuradas que estaban rodeadas por cables multicolores contenidos en el interior de un armazón de metal con forma de calavera. Extrañamente, las lentes parecían estar devolviéndole la mirada, y se dio cuenta de que eran fotorreceptores quemados.
-¡Ey, Kitster! –dijo mientras recogía el objeto-. ¡Mira lo que he encontrado!
-¿Qué es?
-¡Una cabeza de droide! –dijo Anakin, limpiando la arena del vocalizador que se encontraba bajo los fotorreceptores que servían como ojos del droide-. ¡Y no un droide mecánico, precisamente! –Habían retirado la cobertura metálica de la cabeza, y los fotorreceptores expuestos tenían una expresión de sorpresa, como si estuvieran muy abiertos. Le pasó la cabeza a Kitster.
-Está bastante hecha polvo –observó Kitster-. ¿Quizá fuese algún tipo de droide de combate?
-No lo creo –dijo Anakin mientras miraba a su alrededor, deseando encontrar alguna pieza de droide más-. El metal es bastante delgado… ¡Oh, VAYA! –Su mirada había caído sobre lo que parecía el cuerpo esquelético de la cabeza decapitada, que yacía retorcido junto una pila de células de combustible descargadas. Como la cabeza, el cuerpo estaba sin cobertura, pero Anakin estaba entusiasmado igualmente-. ¡Tiene el mismo trabajo estructural! ¿Sabes lo que significa esto, verdad?
Kitster lo pensó, esforzándose.
-Umm, no.
-Significa que puedo construir mi propio…
-¡Chico! –interrumpió la voz de Watto, llamando desde el otro lado del portal con forma de arco que separaba la chatarrería de la tienda con forma de campana-. ¡Chico! ¡¿En qué lugar de ese basurero estás?!
-¡Oh, no! –dijo Anakin, mirando a Kitster y luego de nuevo al arco-. ¡Espera aquí! –Tratando de mantener una expresión relajada, se apresuró a salir de la chatarrería.
-¡Ah! ¡Ahí estás! –dijo Watto cuando vio a Anakin. Flotando al, exterior de la entrada de su tienda, hablaba en Hutés-. Por un momento, sospeché que habías huído de Watto.
-Oh, ¿y darte el placer de ver como expotaba mi transmisor?
-¿Placer? –dijo Watto, levantando ligeramente sun nariz en forma de trompa, como si retrocediera ante las palabras de Anakin-. ¿Crees que me gusta limpiar los restos de los esclavos que explotan? ¡Bua ja ja! –Cuando terminó de reir, señaló con una mano de tres dedos algunos contenedores más, llenos de deshechos, que acababan de entregarle-. ¡Ahora vuelve al trabajo! –dijo-. ¡Quiero esta chatarra clasificada a mediodía!
Después de que Anakin hubo conducido los contenedores al patio de la chatarrería, volvió a donde había dejado a Kitster con las piezas del droide.
-¿No les vas a decir lo del droide a Watto? –preguntó Kitster.
-Yo lo encontré. Es mío –dijo Anakin mientras comenzaba arrastrar el cuerpo del droide hacia una zona oculta por una gran pieza de metal de deshecho, donde no era probable que Watto lo descubriese-. Además, Watto no sería capaz de repararlo. Lo llevaré de contrabando a casa, pieza a pieza.
-Pero incluso si logras hacer que funcione –dijo Kitster, pesándole a Anakin la cabeza del droide-, ¿para qué lo vas a usar?
-Para muchas cosas. Hacer recados. Levantar cosas… Ey, ¿qué es esto? –Había encontrado una línea de pequeñas letras grabadas en la base del cráneo del droide, y sostuvo la cabeza para que Kitster también pudiera verlo-. Dice que es un Droide de Protocolo de Galáctica Cybot.
-¿Protocolo? ¿Para qué sirve eso?
-No lo sé –admitió Anakin-. Tendré que preguntarle a mi madre. ¡Ey, quizá hasta pueda ayudarnos a mí y a mi madre a salir de Tatooine! –sosteniendo la cabeza del droide con ambas manos, Anakin estudió sus mecanismos más de cerca-. El giroscopio de equilibrio es antiguo. Supongo que de hace setenta u ochenta años. Apuesto que ha visto mucha acción. Hace que te preguntes… ¿cómo habrá acabado de esta manera?
Anakin miró a los ojos quemados del droide como si pudiera encontrar allí más pìstas de la historia del droide. Pero sólo veía la expresión de asombro congelada del droide. No te preocupes, amigo, pensó Anakin. Me ocuparé bien de ti.


Anakin necesitó cinco días de sigilosas maniobras para mover los restos del droide de la chatarrería a su casucha. Excepto Kitster, no le había dicho a nadie nada acerca de droide. Pero debería habérselo contado al menos a otra persona: su madre, quien no estaba muy contenta de entrar en la casucha y encontrar el último proyecto de su hijo yaciendo en cientos de sucias piezas sobre la mesa del comedor.
Shmi había comprado un pequeño paquete de vegetales secos en el mercado, y los dejó sobre el mostrador de la cocina. Sin querer mirar al extraño esqueleto de metal y cables que yacía en posición supina sobre la mesa con sus ojos muertos fijos en el techo, apartó su mirada de Anakin y el droide.
-Deja que adivine –dijo.
-Sí, qué suerte, ¿eh? Y… bueno, no conozco a nadie más en Mos Espa que sea capaz de arreglarlo correctamente. Si no lo hubiera rescatado del montón de chatarra, ¡prodrían haberlo fundido! -Como Shmi no respondió, Anakin se animó a añadir-: Es un droide de protocolo, mamá. ¿Sabes qué es eso?
Shmi respiró profundamente y se giró para mirar a Anakin.
-Los droides de protocolo hablan millones de idiomas. Se usan como traductores. Por los diplomáticos.
-Oh –dijo Anakin. Podía deducir por el tono de voz de su madre que ella pensaba que los droides de protocolo no eran de ninguna utilidad. Esperando convencerla de lo contrario, continuó-. ¡Oh! Eso… ¡eso es genial! Será realmente útil en el mercado si queremos comerciar con un mercader que no hable básico. Y… ¡además imagínate lo impresionadas que quedarán las visitas cuando les salude en la puerta! Estoy seguro de que será capaz de ayudarnos de un montón de formas más.
Shmi devolvió su atención a los vegetales.
-Necesita fotorreceptores nuevos –dijo Anakin-. Creo que puedo encontrar algunos en la tienda de Watto.
-Será mejor que tenga cuidado –dijo Shmi con aire preocupado-. Watto se enfurecerá si descubre que te has llevado un droide entero.
-¡Pero tenía que hacerlo, mamá! En cuanto vi todas las piezas que había allí, supe que tenía que juntarlas. –Anakin agarró suavemente el antebrazo derecho del droide y lo levantó de la mesa, probando la flexibilidad de la articulación del codo-. Al verlo así, tan roto y destrozado… me sentí muy triste. Si los droides de protocolo son buenos con los idiomas y traduciendo, apuesto a que era realmente. –Anakin miró de nuevo el rostro del droide-. Seguro que tampoco tenía ningún amigo en toda la galaxia. ¿Por qué si no habría acabado en un basurero de Tatooine?
-Quizá hablaba demasiado –dijo Shmi.
-Jo, mamá. Herirás sus sentimientos.
-El droide es una máquina, Ani. No tiene sentimientos.
-¿Cómo lo sabes? –dijo Anakin, incapaz de ocultar el dolor en su voz-. Quizá sus dueños eran malos con él y no les importaba lo que le pasase. Quizá intentó escapar. Quizá… era como nosotros.
Shmi sintió la pena de Anakin, y pensó en el esclavo que había muerto tratando de escapar cinco días antes. Se giró hacia su hijo y puso las manos sobre sus hombros.
-Prométemelo, Ani –dijo-. Cuando… encuentres un nuevo par de fotorreceptores para nuestro nuevo amigo… no dejarás que te pillen.
-¿Quieres decir que puedo quedarme con él?
Shmi asintió mientras examinaba el droide.
-Ahora lo tengo claro. Estás destinado a ayudar a este droide. Eres su segunda oportunidad.
-¡Gracias, mamá! –dijo Anakin, abrazando a su madre-. ¡Cuando consiga que hable, le diré que él también te dé las gracias!
-No, Ani. Después de todo, tú serás su creador. Sólo recuerda que el droide es tu responsabilidad. Y a menos que estés preparado para preocuparte de algo, no mereces tenerlo.
-No lo olvidaré –dijo Anakin.
-Y una cosa más –añadió Shmi con tono severo.
-¿Sí, mamá?
-Quiero el droide fuera de nuestra mesa ya mismo.

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