jueves, 20 de noviembre de 2008

Caza Tie: Las crónicas de Stele (VI)

Los orígenes del Imperio

-¿Saben por qué su sistema permanece en guerra desde hace veinte años? -preguntó Mordon- ¿Saben por qué han sufrido durante tanto tiempo, sin un verdadero gobierno, con una economía arruinada, y realmente lejos de una posición envidiable en la galaxia? Sus problemas comenzaron hace mucho tiempo, con la República. En ésa época, tras las Guerras Clon, la galaxia estaba dividida entre criaturas que se hacían llamar “senadores”. Estos senadores formaron un gobierno destinado a enriquecerles y hacerles más poderosos. Representaban la élite, y todas las demás criaturas fueron, sin saberlo, sus cómplices. Saquearon sistemáticamente miles de planetas.
“Desde luego, los senadores habían hecho creer a todo el mundo que gobernaban con sabiduría, representando los intereses de sus sistemas, y restableciendo la paz y la armonía por toda la galaxia. Como han podido ver ustedes mismos, no han hecho nada de todo eso. ¿Desde cuándo Taroon no ha recibido, digamos, una oferta comercial, o directivas por parte de la República?
El hombre se detuvo un instante, y un murmullo recorrió la concurrencia. Sus palabras habían producido el efecto esperado. Los prisioneros gruñían y hablaban de la república, la cual, que ellos recordaran, jamás había prestado la mínima atención al sistema Taroon.
-La corrupción de los senadores se descubrió poco a poco, en gran parte gracias a los esfuerzos de uno de sus miembros, un senador honesto y voluntarioso llamado Palpatine. El senador Palpatine trabajaba sin descanso para denunciar la corrupción y la podredumbre, el feroz oportunismo que chupaba la sangre de toda la galaxia. Formaba parte de los escasos idealistas que creían en la retórica de la República, y que había conseguido labrarse una posición entre sus semejantes tras largos años de servicio.
“No tardó en comprender que la corrupción era peligrosa e inútil al mismo tiempo. Sus enemigos estaban bien protegidos, así que cambió de táctica.
“Socavó el sistema desde el interior, haciendo rápidamente amigos entre los miembros de las más altas jerarquías del Senado, de la Guardia Republicana, e incluso entre aquellos Caballeros Jedi que no toleraban ninguna corrupción.
“Su gran idea era restablecer la unidad y la igualdad en todos los mundos, pero bien pronto se dio cuenta de las debilidades del sistema republicano. Excelente historiador, sabía que el mayor poder se obtiene con un gobierno central e individual, sostenido por una gran fuerza militar. Así que siguió esa vía. Sus esfuerzos y su perseverancia fueron tales que consiguió formar una poderosa coalición de dirigentes que le nombraron enseguida Emperador. Acababa de comenzar una era de paz y prosperidad.
“Pero, en los mundos del Borde, puede que eventos de una tal importancia no hayan causado provecho a los planetas exteriores, debido al largo olvido por parte de la República. Nuestra misión consiste en reunificar el Imperio. Tenemos la fuerza necesaria para hacerlo, pero nuestra misión es ante todo diplomática. Instalaremos nuestros gobiernos de sector y autoridades locales, llevaremos el orden a sus planetas, y sus habitantes se convertirán en miembros productivos del Imperio.
“Hoy, los mundos del Núcleo son prósperos, seguros y su desarrollo es extraordinario. Con un gobierno central muy potente, cada planeta, cada sistema y cada sector contribuyen a nuestra causa. Los curtidos colonos del sistema Cardua son los mejores extrayendo el mineral de los ricos yacimientos de sus cinturones de asteroides. Sus vecinos, en el planeta Xorth, disfrutan de una tierra rica y prosperan en el comercio de productos agrícolas. Producen igualmente las mejores farrbuesas de la galaxia, famosas por su aroma exquisito y su efecto tónico. Cada uno se aprovecha de los esfuerzos de los demás. Taroon también tiene un papel que jugar, y hemos venido para darles la oportunidad de unirse al mayor imperio de todos los tiempos.
“Los peligros son numerosos, incluso para un Imperio tan poderoso... para ustedes, y para cada uno de nosotros. El Emperador quiere que conozcan a nuestros enemigos comunes. En primer lugar, está el problema de las razas de piratas alienígenas, que no pueden o no quieren vivir en paz y comerciar con los humanos, o que aún mantienen ansias de conquista, como los calamari o los wookies. Ustedes pueden ayudarnos a poner fin a sus acciones destructoras.
“Algunos individuos también desean recuperar la antigua corrupción. Dirigidos por antiguos senadores que desean volver a sus dudosos métodos, estos rebeldes han osado intervenir para entorpecer nuestros esfuerzos de devolver la paz a la galaxia. No se equivoquen. Están dirigidos por criminales desesperados persuasivos, y han sellado sospechosas alianzas con ciertas razas alienígenas que quieren destruirnos. Acogeremos encantados a aquellos voluntarios capacitados que quieran unirse a nuestra lucha contra estas criaturas infames y sus mentiras.
El almirante dejó de hablar y recorrió con su mirada la concurrencia. Maarek sintió sus ojos resbalar sobre él, y que su mirada se fijó en él muy brevemente. Al menos, eso creyó. Eso apenas duró un instante, pero Maarek de repente se sintió observado, y muy incómodo. Entonces el hombre continuó su discurso. Les hablaba como si les acogiera en un hotel, o en un centro de vacaciones. Como si hablara a cliente o invitados. Maarek supuso que una parte de aquellos que se encontraban allí habrían sido invitados realmente, pero la mayor parte de ellos llevaban, como él, ropas de prisioneros.
-Se encuentran a bordo de una de las numerosas naves de la gran Flota Imperial -dijo Mordon-. Este es el destructor estelas imperial Venganza. Muchos otros destructores estelares atraviesan el sector, escoltados por fragatas. Estamos aquí para asegurar su paz y la de sus vecinos, para hacer reinar el orden, y restablecer un comercio próspero.
“Pocos de ustedes habrán visto ya un destructor estelar. Ahora voy a presentarles este maravilloso instrumento de paz y orden.
La intensidad de la iluminación bajó súbitamente y una proyección holográfica apareció al lado del hombre. Mostraba una inmensa nave en forma de punta de flecha, rematada por una alta torre coronada con dos proyecciones cilíndricas. Si bien la nave parecía bastante compleja, no había ninguna escala que permitiera estimar su tamaño, y Maarek observaba la imagen sin prestarle mucho interés.
-Aquí ven un destructor estelar de clase Imperial -anunció el hombre con una voz llena de orgullo-. Es una maravilla tecnológica. Como referencia, les voy a mostrar el tamaño de una lanzadera interplanetaria en comparación a un destructor estelar.
Una pequeña lanzadera apareció. Se parecía a la que los bordali habían usado para llevarles a él y a su madre. Apenas era más gruesa que un pequeño punto. Maarek sintió como su corazón latía más fuerte. Esperaba que se tratase de un engaño, pero el hombre continuó su exposición, como si hubiera podido adivinar sus pensamientos.
-No exagero, criaturas de Taroon. Esta representación es tremendamente exacta. Creo que nadie de ustedes, o quizá sólo una minoría, habrá visto antes este tipo de naves. Actualmente se encuentran en la cubierta 50, en el centro de la nave.
“Un destructor estelar transporta varios miles de soldados y tripulantes. Es esencialmente una ciudad en el espacio, o más bien una fortaleza. Cada destructor estelar está equipado con decenas de turbolásers pesados y cañones iónicos, además de gran variedad de armas ofensivas y defensivas. También albergan varios escuadrones de cazas y bombarderos TIE, grupos de caminantes AT-AT y AT-ST para mantener el orden, y muchos más vehículos de superficie.
Maarek sintió una súbita sacudida interna, como su acabara de soportar una aceleración de 10 G. No se trataba de un discurso de reclutamiento, como había creído. Era más bien una amenaza apenas disimulada. Ese destructor disponía de la bastante potencia destructora como para destruir un planeta lo suficientemente pequeño, del tamaño de Kuan. Si el Imperio disponía realmente de varios de esos mastodontes, no era extraño que pudieran declararse tan fácilmente dueños de un sistema estelar entero. Y era por ese motivo que numerosas personalidades de Kuan y Bordal estaban allí. Esa “invitación” a los planetas de Taroon había sido enviada a golpes de bláster. Estaban obligados a cooperar. Si no...
¿Pero qué hacía él allí? ¿Qué querían de él?
El almirante hizo un gesto para iniciar la presentación holográfica. Se trataba de una especie de visita guiada al destructor estelar, que de hecho quedaba representado como una especie de cuartel militar muy bien armado. Una música acompañaba la presentación, y armonizaba perfectamente con las imágenes que desfilaban.
-Un destructor estelar de clase Imperial alberga decenas de miles de soldados tripulantes. Aquí, en la zona civil, se encontrarán con numerosos seres que se dedican a sus ocupaciones. Hay tiendas, servicios, establecimientos de hostelería y centros de ocio.
Mientras la voz del narrador llenaba la habitación, la proyección holográfica mostraba lo que podría haber sido una calle en una ciudad próspera, pero a menor escala. Los ángulos de cámara habían sido cuidadosamente escogidos y mostraban impresión de espacio, pero Maarek puedo ver que la escena mostraba una zona muy pequeña, al menos en una escala planetaria. Luego la imagen desapareció.
Varias imágenes se sucedieron rápidamente a continuación. Primero había un pequeño apartamento flamantemente nuevo. Luego una habitación, una sala de estar con un terminal de comunicaciones y un pequeño cuarto de aseo. No había cocina, ni lugar para comer. La narración que acompañaba a las imágenes indicaba que se trataba de las dependencias típicas de la tripulación. El lugar tenía un aspecto acogedor, casi confortable.
La música tomó un tono mucho más heroico, y el holograma pasó a una zona llena de instrumental y hombres trabajando. El narrador la presentó como una sala de control, “una de las numerosas salas del destructor estelar”. Centenas de criaturas, humanos la mayor parte, corrían en todas direcciones de una consola a otra, con aire de estar muy ocupados y dando impresión de eficacia.
-El destructor estelar es controlado por un equipo de técnicos cualificados y competentes. Controlan las numerosas funciones de la nave, lo que incluye la introducción de parámetros de propulsión y navegación, la vigilancia del sistema de soporte vital, la gestión de los escudos y la carga de las armas. Por ejemplo, cada banco de turbolásers dispone de una zona de control separada, y hay terminales de asignación en cada hangar para dirigir y organizar todas las naves que entran y salen.
La imagen hizo un fundido a una gran sala dominada por una plataforma elevada. Un gran holomapa ocupaba el centro de la sala. También allí, soldados y tripulantes trabajaban en unas misteriosas máquinas.
-Las operaciones tácticas se dirigen en el puente de planificación central. Es allí desde donde el comandante de a bordo y su tripulación supervisan permanentemente todas las operaciones en curso.
La presentación holográfica continuó, mostrando otros aspectos del destructor estelar, como por ejemplo una rápida exposición de los enormes turbolásers. La imagen desapareció por fin, la música cesó, y el anfiteatro se sumió en un silencio total. Luego, lentamente, la imagen de un hombre apareció en el centro de la holosfera. Llevaba una gran túnica rematada con una capucha, y Maarek sintió una fuerza emanar de su persona. Ese hombre debía seguir valores ascéticos y ser un gran pensador. El rostro del hombre estaba envuelto en la inmensa capucha, y Maarek sólo pudo ver una parte de sus rasgos.
Tenía algo especial que llamaba inmediatamente la atención. El hombre comenzó a hablar. Su voz era suave, pero helaba la sangre.
-Soy... el Emperador -dijo.
Pronunció estas palabras de forma muy sencilla, sin ninguna pretensión, con una ligera vacilación para apoyar mejor sus palabras. ¡Realmente se trataba del Emperador!
-Maarek... -¡le llamó por su nombre, Maarek, podría jurarlo!- ...has sido llamado para unirte a nosotros, para unirte a nosotros por el bien de todos los seres vivos.
Maarek estaba aterrorizado. ¿Cómo podía llamarle por su propio nombre delante de toda esa gente? ¿O era un engaño de su mente? Maarek ya no sabía si realmente había escuchado su nombre. Pero el hombre seguía hablando bajo su capucha, y alzó ligeramente el tono.
-Aquellos que se oponen a nosotros deben ser destruidos. Aquellos que corrompen a los demás, los esclavizan y roban lo que les pertenece, deben ser eliminados. Es el momento de eliminar los últimos obstáculos que nos separan de la paz, de la prosperidad y del verdadero poder, un poder sin igual en la galaxia desde épocas legendarias.
Maarek escuchaba cada palabra como si se tratasen de seres vivos. El Emperador habló durante bastante rato, denunciando a sus enemigos y jurando destruirles. Y cuando terminó, Maarek estaba dispuesto a hacer cualquier cosa, a ir a cualquier sitio para servirle. El Emperador era la última esperanza para la unidad y la fuerza. La unidad y la fuerza. Esas palabras iban a convertirse en el lema de Maarek.

***

Eso ocurrió hacía ya tres meses. Maarek trabajaba ahora como mecánico en uno de los hangares principales del destructor estelar, rodeado por hileras de los vehículos más diversos, desde cazas TIE hasta caminantes imperiales. Estaba usando su soldador láser para ensamblar un nuevo panel térmico en el ala de un interceptor TIE que había vuelto al hangar para ser reparado.
Habían dejado Taroon muy atrás, y ahora se encontraban a miles de años luz de su planeta. Marina permaneció en Kuan para asegurar la transición del poder y para esperar a su marido. Maarek y Pargo se habían enrolado ambos, atraídos por la acción y el poder del Imperio. Pero, aunque no tenía claro el por qué, Maarek estaba seguro de que su padre ya no estaba en Taroon, y tenía esperanzas de poder encontrarle de nuevo en la inmensidad de la galaxia.
Ese hangar era un centro de reparaciones y construcción, y todos los vehículos que se encontraban allí estaban en proceso de construcción o de reparación. Las marcas de fuego en los cascos, las muescas, el metal torcido probaban que no todos los sistemas estelares aceptaban la tutela del Imperio tan fácilmente como Taroon. El Venganza se desplazaba constantemente yendo por el hiperespacio de un punto caliente a otro.
Si bien Maarek no tenía ninguna razón para estar al corriente de las misiones militares del destructor estelar, los rumores y las historias llegaban siempre hasta él, y sabía que el Venganza estaba involucrado en varias operaciones simultáneas. Llegaba a una zona en conflicto, enviaba algunos cazas o naves de desembarco, y luego marchaba a otra zona para enviar naves suplementarias y supervisar las operaciones en curso. Por cada salto en el hiperespacio, podía sentir un ligero mareo acompañado de problemas de visión, pero esa sensación sólo duraba unos segundos.
En las últimas horas, el Venganza había efectuado varios saltos. Luego, hacía tal vez una hora, varios cazas dañados fueron remolcados al hangar. Maarek y los demás mecánicos trabajaron sin descanso para repararlos. Un poco antes, había escuchado unos ruidos apagados, y alguien le dijo que quizá se tratase de torpedos pesados explotando contra los escudos del destructor estelar.
Volvió la calma, y el interceptor TIE estuvo reparado. Maarek pidió permiso al jefe de taller para probar el interceptor. Una de las reglas no escritas decía que el Servicio de Reparaciones efectuase directamente las pruebas de las naves reparadas antes de enviarlas a Operaciones. Así pues, numerosos mecánicos habían aprendido las bases del pilotaje, y la experiencia como piloto de barredora de Maarek le favorecía claramente.
-Estamos en órbita planetaria sobre Farboon -le dijo el jefe de taller-. Aquí no ocurre nada. Ve, pero date prisa. Nuestro próximo salto está previsto dentro de tres horas.
Maarek saltó a bordo del TIE/In y ajustó el asiento y los arneses de seguridad. No llevaba el casco estándar ni el traje de vuelo con apoyo vital de los pilotos de TIE, sino una versión modificada que los miembros de la tripulación habían confeccionado. En cualquier caso, llevar un equipo de aficionado no le molestaba. Esperaba ese momento desde siempre. Aunque el vuelo no durase más que unos minutos, el tiempo justo de probar los sistemas de la nave, se sentía como un pájaro fuera de su jaula.
Indicó por el comunicador que ya estaba listo, y conectó los motores iónicos. La cabina retumbaba con un gruñido sordo, y la nave vibraba un poco. Se dio cuenta de que tendría que acordarse de enviar la nave a un especialista en motores cuando terminase. Luego dirigió a la pequeña nave sobre la plataforma repulsora, hacia la compuerta.
Cuando fue expelido al exterior, vio un inmenso planeta que rompía la oscuridad. Era verde, azul y blanco, y se recortaba sobre el fondo sombrío del espacio justo enfrente de él. Maarek nunca había volado cerca de un planeta, y se tomó su tiempo para admirar las vistas. Examinó su escáner para detectar la presencia de otras naves, pero no había nada. Dio media vuelta para admirar el destructor estelar. No dejaba de admirarlo, aún no se había repuesto de su grandeza e inmensidad. Luego comenzó sus pruebas sobre el TIE/In, atento al menor signo de mal funcionamiento.
En principio, el Servicio de Reparaciones usaba su propia frecuencia de comunicador, pero Maarek había descubierto cómo enlazarse en una doble frecuencia que le permitía recibir uno de los canales militares no reservados. Le encantaba escucharles durantes sus operaciones, aunque no escuchase nada importante.
Ese día, fue diferente. Cuando estaba volviendo de mala gana hacia el hangar, escuchó un ruido en su casco y una voz enloquecida gritó:
-¡A todas las unidades! ¿Hay alguien operacional? SOS. Respondan...
Maarek no respondió. Después de todo, se suponía que no debía estar en ese canal. Pero la voz seguía llamando y, aparentemente, no recibía respuesta alguna. Finalmente, Maarek decidió preguntar qué pasaba.
-Aquí Stele -dijo por su micro-. ¿Cuál es el problema?
-¿Quién es usted, Stele? -preguntó la voz- ¿Y dónde está?
-Soy del Servicio de Reparaciones, estoy probando un interceptor TIE para su vuelta al servicio, señor.
-Una de nuestras lanzaderas está en apuros... -dijo rápidamente la voz. Parecía escuchar a alguien más mientras hablaba, pues su transmisión no fue más que una serie de breves frases y pausas entrecortadas- No hay tiempo para discutir. Escolta destruida... Demasiado cerca del planeta... Vaya por el otro lado... Encuentre la lanzadera... -indicó a continuación coordenadas y vectores de los que Maarek apenas comprendió la mitad. Pero dio la máxima potencia a los motores y comenzó a dar la vuelta al planeta- Volveremos... -fueron las últimas palabras que pudo escuchar. Luego se encontró solo.
Observando sus sensores, vio que el destructor estelar había partido.

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