Flanqueado por Luies y Smythers, capitán Orr se
dirigió con confianza entre sus hombres hacia el grupo reunido en la base del Corredor de lum. Con la sonrisa malévola
de un ferrocato sorprendido devorando una rata womp, se tomó un momento para
disfrutar del aspecto sorprendido de su presa de esta noche.
-Mi nombre es capitán Orr de la Oficina Imperial de
Aduanas. En nombre del Emperador, llevaré a cabo una inspección de su nave y del
cargamento que va a cambiar de manos. Confío en que no habrá ninguna objeción. -Orr
examinó los rostros reunidos, buscando indicios de problemas.
-Ninguna en absoluto, capitán -dijo Shamus en
nombre del grupo-. Nos complace agradar al Imperio. -Su expresión decía lo
contrario.
-¿Es usted el capitán Falconi? -preguntó Orr al
pelirrojo desgarbado que tenía delante. Sin esperar respuesta, se volvió hacia
el wookiee-. Y esta cosa debe ser su copiloto Grasheel. Confío en que sus
permisos estén en orden. -El wookiee echó hacia delante una de sus enormes manos,
pero rápidamente abortó el apretón de manos cuando un soldado de asalto levantó
su bláster. Estudiando al técnico de barredoras y al arcona, Orr presionó-. Indiquen
su nombre y ocupación -exigió.
Luies dio un paso adelante para hablar, pero fue
cortado por el teniente Smythers.
-Capitán Luies, puede reunirse con sus hombres.
Este es un asunto Imperial.
El capitán Luies vaciló durante un segundo y luego
se cuadró.
-Si me disculpa, señor -dijo complaciente al
capitán Orr.
El teniente Smythers extrajo una tarjeta de datos y
la introdujo con cuidado en su cuaderno de datos.
-Señor, me he tomado la libertad de identificar a
estos seres y he investigado sus historiales completos.
Orr requisó el cuaderno de datos.
-Excelente, teniente. Como siempre. Estoy
impresionado con su visión de futuro y su eficiencia.
El teniente Smythers resplandeció visiblemente por
el cumplido.
-¿Seguimos adelante, señor?
***
Dutan Lee estaba desconcertado. Falconi había dado
la señal de que algo estaba pasando, y ahora tenían a los imperiales echándoles
el aliento en el cuello. Esto no era bueno, no, definitivamente no era bueno en
absoluto.
-¿Cuál es su nombre y ocupación, arcona? -exigió el
capitán imperial. Dutan Lee tardó un momento en darse cuenta de que había
repetido la pregunta.
-Soy Dutan Lee de Exportaciones de Suministros
Mineros Dutan. Fabricamos todos nuestros productos aquí en Gallisport, capitán.
Esto es un envío de piezas con destino al Sistema Mestra. –La lengua de Lee se
movió nerviosamente mientras varios soldados de asalto se acercaron a la carga que
iban a sacar del planeta y comenzaron a desprecintar cajas. ¿Cómo podía Falconi
permitir esto? Sabía que esas cajas contenían armas imperiales robadas.
Qué lío tan terrible, pensó para sí mismo. Dutan
Lee sabía cómo trataba el Imperio a los contrabandistas y traficantes de armas.
Los soldados consiguieron abrir la primera caja,
rompiendo los precintos aduaneros locales en el proceso. Mirando dentro, el líder
de los soldados de asalto anunció:
-Equipamiento minero.
-Sargento, no va a encontrar nada justo en la parte
superior. A veces hay que ser más concienzudo -dijo el teniente Smythers con
una risita. Liberando el pestillo lateral, permitió que la parte delantera de
la caja de embalaje cayera, derramando su contenido a sus pies.
Mientras el soldado de asalto examinaba el
contenido. Dutan Lee pensaba en cómo iba a pasar los últimos minutos de su vida.
-Equipamiento minero -declaró con voz inexpresiva el
soldado de asalto-. Pasemos a la siguiente.
Obligándose finalmente a mirar, Dutan Lee no podía
creer su suerte. ¡Las armas no estaban en las cajas! Una breve pausa siguió a ese
pensamiento. ¿Las armas no estaban en las cajas? Pero si no estaban en las
cajas, ¿a dónde se habían marchado? ¡Traicionado, apuñalado por la espalda, privado
de mi sustento! Distintas ideas inundaron su mente. Esta no sería la primera
vez que unos contrabandistas trataban de engañarle.
Mientras cajón tras cajón de equipos y piezas de
minería eran vertidos sin contemplaciones, el miedo de Lee fue sustituido por
la ira.
-¡¿Qué han hecho?! ¡Por su bien espero que ese
equipo no resulte dañado! ¡Todavía tengo que venderlo! ¿Cuáles son sus números
operativos?
Para pacificar al enojado arcona, el teniente Smythers
ordenó al capitán de puerto Luies y a sus soldados que volvieran a embalar las
cajas.
-Asegúrese de colocar precintos imperiales en estas
cajas, Luies. –Los sellos imperiales aseguraban a los inspectores aduaneros que
la caja había sido examinado a fondo por la Oficina de Aduanas. Mientras que
los sellos no manifestasen ningún signo de alteración, podían pasar por alto
las aduanas normales y ser entregados directamente al cliente final-. Eso
debería ser más que suficiente para apaciguar a este "hombre de
negocios" -dijo Smythers con disgusto. Un soldado de asalto vigilaba mientras
el capitán Luies y sus hombres se pusieron manos a la obra, repartiendo los
sellos imperiales a medida que avanzaban.
***
El teniente Smythers se acercó vacilante al capitán
Orr.
-Señor, tal vez nuestro informante estaba
equivocado. ¿Deberíamos pasar a nuestro próximo sospechoso?
Sumido en sus pensamientos, el capitán Orr se acarició
distraídamente la barbilla mientras calculaba su próximo movimiento.
-No, teniente, aquí está pasando algo, puedo
sentirlo -susurró. A continuación, en voz muy alta, anunció-: Que pase el
equipo de escaneo. Quiero que se realice de inmediato un análisis de esta bahía
de aterrizaje. Y luego comenzaremos con la nave. Denme una exploración completa
de la nave y su contenido. Sean minuciosos... no queremos que el capitán
Falconi piense que le estamos ofreciendo un tratamiento inferior al que se
merece.
-También podría usted decirnos qué es lo que va a
pasar hoy de contrabando, capitán Falconi -dijo Orr-. Mi equipo de escaneo es
uno de los mejores del Imperio. Los elegí yo personalmente uno a uno, y no se
dejan engañar fácilmente –añadió-. Confiese ahora y seré indulgente con usted y
su acompañante. Incluso podría evitarle un viaje a las minas de especia de
Kessel. -Orr rió malvadamente mientras miraba a la pareja de contrabandistas. Definitivamente,
los contrabandistas se estaban poniendo nerviosos, pensó Orr. Mira cómo se
retuercen. Van a quebrarse, aunque tenga que quebrarlos yo mismo.
Los minutos pasaron en silencio mientras el equipo
de escaneo llevaba a cabo su deber. Después de lo que pareció toda una vida, el
equipo regresó.
-La nave está limpia, señor -anunció el jefe de los
técnicos del escáner.
-¿Limpia? Eso no puede ser. ¿Han buscado
compartimentos ocultos? Siempre tratan de usar compartimentos ocultos -exclamó Orr
con furia.
-Sí, señor. No había ninguna indicación de zonas
ocultas a bordo de la nave. En los compartimentos de carga tampoco se ha
encontrado nada inusual al registrarlos. Las lecturas preliminares han indicado
bobinas repulsores de grado industrial y diversos alcoholes, señor.
Aturdido, pero no disuadido, Orr indicó a Smythers
y a los dos contrabandistas que lo siguieran a la bodega de carga.
-Creo que vamos a tener que hacerlo a la antigua manera.
***
El teniente Smythers siguió al capitán Orr, permaneciendo
cuidadosamente a la derecha y un poco más atrás de su superior. La academia
inculcaba el protocolo adecuado en sus cadetes, y eso había seguido a Smythers en
su misión en ese planeta perdido. La única manera de avanzar en la Armada
Imperial era complacer a tus superiores. Smythers sobresalía en esa tarea,
teniendo al capitán Orr constantemente actualizado e informado, siguiendo sus
órdenes a rajatabla. Y aunque el capitán Orr nunca se había equivocado antes,
el teniente estaba empezando a tener dudas acerca de esa inspección.
Las bodegas de carga estaban repletas de cajas y contenedores,
y olía a lum y algo más. Orr sonrió, como era su costumbre cuando sabía que
había capturado a su presa. Las bodegas de carga apestaban a culpabilidad.
-Excelente -dijo. Orr se dirigió a los soldados de
asalto allí reunidos y a los oficiales de abordaje que los habían seguido al
interior-. Examinen esta bodega al milímetro. Quiero mostrar al buen capitán
Falconi aquí presente que nosotros no jugamos en Gallisport. -Orr tomó posición
detrás de Shamus y Grasheel para observar sus reacciones mientras sus hombres
comenzaban sus investigaciones.
Smythers asignó rápidamente posiciones y tareas, y luego
centró su atención personal en las cajas etiquetados como alcohol. La
inspección visual progresaba lentamente y Smythers podía sentir la impaciencia
del capitán Orr.
-Hasta ahora sólo lum y vino corelliano, señor -anunció.
-Aparte esas cajas, Smythers, y vaya al fondo. Si
están ocultando algo, estará allí atrás -dijo Orr-. Y parecen ponerse más
nerviosos cuanto más atrás buscamos.
Rápidamente se apartaron las cajas a un lado,
despejando un camino para acceder a la parte posterior de la bodega de carga.
Smythers echó un vistazo a los dos contrabandistas, que desde luego estaban
inquietos y sudando.
-Abra una de esas cajas de allí atrás -ordenó a un
soldado de asalto. La caja fue abierta rápidamente, exponiendo varias botellas
con etiquetas verdes, una de las cuales fue entregada a Smythers-. Más lum,
señor -dijo tímidamente el teniente. El rojo de la rabia coloreó el rostro de
Orr. Smythers no podía dejar de pensar en que recibiría la peor parte de la inminente
explosión.
-¿Y bien, teniente? -dijo Orr entre dientes-. No se
quede ahí parado. Ábrala.
El tapón se quitó fácilmente y Smythers olfateó
rápidamente la botella.
-Huele a lum, señor.
-Los olores pueden ser engañosos, teniente. Creo
que deberíamos realizar una prueba para estar seguros. Que el wookiee tome un
trago.
El pánico casi abrumó a Smythers mientras tendía la
botella a Grasheel. El wookiee estaba sacudiendo la cabeza muy vigorosamente, indicando
que apartasen la botella lejos de él. Smythers recordó un dicho que su abuela le
dijo una vez: "Puedes acercar un wookiee al lum, pero no puedes obligarlo
a beber." El wookiee no aceptaría la botella.
-¿Qué le pasa, Falconi? ¿Sabe él algo que no me
están diciendo? -preguntó Orr.
-En realidad, sí -dijo Falconi con un encogimiento
de hombros-. No es su marca.
Con furia, Orr tomó la botella y la clavó en las manos
enormes del wookiee.
-Capitán Falconi -dijo con rabia-, él va a beber
esto ahora mismo o le incautaré su nave desde ahora hasta el fin de los tiempos.
¿Ha quedado claro?
Grasheel intercambió una última mirada de
preocupación con Falconi y se llevó a los labios la botella que le ofrecían.
Cerrando los ojos, tomó un cauteloso sorbo del líquido espeso. El wookiee se
convulsionó mientras una serie de toses salvajes sacudía su cuerpo. Luego,
abriendo un ojo, una mirada de sorpresa cruzó su cara peluda... tras la cual vino
un grito feliz cuando Grasheel se bebió el resto del lum en un tiempo récord.
***
TG-421 se detuvo en frente de las cajas
supuestamente llenas de bobinas repulsoras. El soldado de asalto estaba ansioso
por terminar con la inspección de una vez.
-Desplegaos y empezad a abrir cajas al azar -ordenó
a su equipo-. Comparad el contenido con el manifiesto de carga. Informad de
inmediato de cualquier discrepancia. -Acercándose a la caja más cercana, rompió
el sello. La tapa se abrió con facilidad, revelando varias grandes bobinas
repulsoras industriales embalados para su envío. Hizo un gesto al equipo de escaneo
mientras sacaba con cuidado la pesada bobina fuera de su material de embalaje.
La bobina resultó resbaladiza y difícil de sostener. Instintivamente, apretó la
bobina, presionándola firmemente contra su pecho.
TG-421 no se dio cuenta de su error hasta que el técnico
del escáner hubo completado la lectura. Las bobinas habían sido revestidas con
un gel anti-corrosión para protegerlas durante el envío. De inmediato volvió a
dejar la bobina en la caja. Leyendo cuidadosamente las instrucciones de
embalaje, se apartó de la caja como si se tratara de un detonador térmico.
-¡Anti-Corr 113! -Su voz llena de pánico crepitó en
la red de comunicación de los soldados de asalto-. ¡Inspección visual
solamente! ¡No toquéis las bobinas!
Su advertencia llegó demasiado tarde para algunos
de los otros soldados de asalto. Vio con horror como la otrora brillante armadura
blanca de su equipo comenzaba a cambiar a un color azul pálido donde había
tocado el Anti-Corr. Los productos tratados con Anti-Corr 113 podrían
permanecer expuestos a altas temperaturas y ambientes peligrosos durante años
sin efectos adversos. Por desgracia, su único efecto secundario era la mala
costumbre de teñir todo lo que tocaba con un tono bastante enfermizo de azul. Estaba
especialmente diseñado para penetrar profundamente para una mayor protección, y
rara vez podía limpiarse o eliminarse. TG-421 sólo podía mirar con impotencia
como sus soldados extendían involuntariamente la contaminación en sus vanos
intentos de limpiar sus armaduras sucias.
***
El escuadrón de soldados de asalto se reunió en el
exterior del Corredor de lum,
tratando de ocultar las manchas azules. Smythers esperó pacientemente detrás de
Orr mientras los dos comerciantes independientes y sus clientes permanecían
cerca de la rampa de la nave a la espera del veredicto. Orr miró largo y
tendido a los canallas en un último intento de captar algo incriminatorio en
ellos.
-Tienes mucha suerte, capitán Falconi. Su nave está
limpia -proclamó finalmente, enfurecido por la mirada de suficiencia que pasó
por el rostro de la pareja. Sabía que tramaban algo sucio. Y aunque no podía
encerrarlos, podía hacer que su vida fuera miserable.
-Les quiero a ustedes dos fuera de mi puerto estelar
en una hora –susurró-, o haré que les detengan bajo cargos de vagancia y
mendicidad. ¿Está claro? -No se expresaron objeciones-. Bien. Teniente Smythers,
vayamos a...
-Disculpe... ¿Capitán Orr? -interrumpió el Capitán
de Puerto Luies tendiéndole su cuaderno de datos-. Necesitaré que firme estos
sellos imperiales.
Orr tomó el cuaderno de datos y lo examinó
brevemente. Después de autorizar el manifiesto, descargó una copia en los
registros oficiales imperiales. Devolviéndole el cuaderno de datos, ordenó:
-Capitán Luies, asegúrese de que estas cargas se intercambian
de inmediato. Utilice tantos de sus hombres como sea necesario. Quiero a estos
dos y a su nave fuera de mi puerto espacial en una hora... o le haré responsable
personalmente.
Fue un furioso capitán Orr quien encabezó la
procesión de imperiales saliendo de la bahía de atraque 1831. Acababa de ser
puesto en ridículo y necesitaba un nuevo objetivo al que atacar.
-Smythers, ¿cuál es la próxima nave que esperamos
que llegue?
El teniente escaneó su cuaderno de datos en busca
de la lista proporcionada por el informante.
-El Última
Oportunidad, un YT-1300 corelliano, capitaneado por una tal Platt Okeefe,
señor -dijo.
-Excelente -ronroneó Orr-. Excelente.
***
Una vez que los imperiales se hubieron ido, el Capitán
de Puerto Luies activó su comunicador.
-Traedlo. -Luies sonreía mientras dos esquifes
repulsores con la insignia del puerto estelar atravesaron las puertas abiertas del
hangar, parando junto a la rampa de carga de la nave. Los moteros de Chop se
unieron a grupos de soldados de Luies que comenzaban a descargar varios cajones
y cajas que llevan sellos imperiales.
-¿Qué está pasando? -preguntó Dutan Lee.
-Sólo están preparando su mercancía para cargarla,
Dutan. ¿Todavía quiere formar parte de este trato, no? -respondió Shamus con
una pequeña sonrisa.
-Pero, ¿qué hay de esos contenedores llenos de
equipos de minería?
-Puede dar las gracias al Capitán de Puerto Luies
aquí presente por ellos, y por mantener su carga segura mientras llevábamos a
cabo este pequeño truco. –El capitán Luies hizo una ligera reverencia ante la
mención de su nombre-. Ahora tenemos documentación legal para eludir cualquier
inspección de camino a Mestra. Esos sellos en los equipos de minería tienen
números distintos a los sellos de sus contenedores.
Una mirada de comprensión cruzó la cara del Arcona.
-Bueno, esto es realmente una sorpresa -dijo Dutan
Lee, sonriendo radiante.
-En realidad, no fue nada -proclamó Luies. Extrajo
un segundo cuaderno de datos de su espalda e hizo otra reverencia-. Un simple
juego de manos, nada más.
-Ahora, mientras los hombres hacen su trabajo,
vamos adentro para liquidar nuestras deudas. -Shamus indicó con un gesto hacia
el interior de la nave. Cuando todos estuvieron sentados, continuó-. Chop, tu cargamento
de gas tibanna refinado está almacenado en las primeras cajas de lum, las de
las etiquetas rojas. Afortunadamente para nosotros, siempre piensan que
tratamos de ocultar las cosas tan lejos de ellos como sea posible, ¿verdad, Grasheel?
-El wookiee dio un bramido afirmativo-. Las bobinas militares que pediste están
metidas dentro de esas grandes bobinas industriales. Un golpe seco en el
extremo y descubriréis que saldrán fácilmente. Ah, y aseguraos de usar guantes.
No querréis mancharos las manos en ese Anti-Corr.
-Gracias. Shamus. Te lo agradezco -dijo con una
amplia sonrisa.
-Usted juega a un juego peligroso, capitán Falconi.
Razón por la cual usted es uno de mis favoritos -intervino Luies-. Ahora, ¿podemos
hablar de las compensaciones?
Un rápido intercambio de créditos dejó a todos
contentos. Los contrabandistas perdieron un poco de dinero en esa etapa del
viaje, pero la entrega de las armas escondidas en los equipos de minería para
Mestra lo compensaría más que de sobra.
-Creo que deberíamos celebrarlo -proclamó Falconi,
sacando una botella de raava socorrano de debajo de un asiento. Sirvió a todos
una ronda.
-¡Capitán! ¡El raava socorrano es ilegal aquí en
Gallisport! –gritó Luies a Shamus, poniéndose en pie de un salto. La sala quedó
en silencio.
-¿Qué sugiere que hagamos al respecto, inspector?
-Eliminar las pruebas -respondió Luies, vaciando su
copa con una sonrisa de satisfacción.
Shamus brindó con el Capitán de Puerto Luies.
-Esto parece el comienzo de una hermosa amistad.
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