Sin
escapatoria
Peter
Schweighofer
Rixen se abría paso por la plaza central del Puerto
de Pasajeros de Kuat entre millones de viajeros más. Se ajustó las correas de
su mochila mientras examinaba todas las paredes donde pudiera haber un puerto
de ordenador... con un droide de información en particular conectado a él.
Encontró a L1V-IN conectado cerca de una tienda de
artículos de viaje. El droide de información estaba indicando a dos turistas de
Gruvia perdidos la dirección a la oficina más cercana de billetes de Cruceros
Estrella del Núcleo. Rixen apoyó la espalda contra el muro, esperando su turno
para hablar con el droide. Eso también le dio la oportunidad de echar un
vistazo a la ajetreada multitud para asegurarse de que no había imperiales
cerca... ni tampoco Do’naal, el doble agente que la había estado siguiendo desde
Byblos. No. Nadie salvo el bullicioso gentío de siempre, unos cuantos
transportistas autónomos reunidos alrededor de un quiosco de comidas cercano, y
un técnico de mantenimiento tratando de arreglar un droide de limpieza roto.
Los turistas gruvianos se alejaron siguiendo su
camino, y Rixen se acercó a L1V-IN.
-¿En qué puedo ayudarle? –preguntó el droide.
-Sesenta y siete sirenas siderales sisearon simultáneas
–dijo ella, usando una de las frases en código. Era un trabalenguas inocuo, pero
era también algo que poca gente diría a un droide de información en un agitado puerto
estelar-. Rixen. Identificación.
Los sensores de vídeo de L1V-IN giraron en sus
cuencas, examinándola de pies a cabeza. Sus programas internos de análisis de
habla estaban zumbando, escrutando sus patrones de voz.
-Confirmado –trinó el droide-. ¿En qué puedo
ayudarle, Rixen?
-Mensajes –dijo ella con brusquedad. Rixen miró por
encima de su hombro para asegurarse de que nadie estaba prestando demasiada
atención a su conversación con L1V-IN.
-Tres mensajes –dijo el droide-. Mensaje uno:
Stabris informa de que Vewin ha sido capturado por agentes imperiales en
Kelada. Fue interrogado a conciencia y ahora se le considera un riesgo de
seguridad.
Vewin había sido uno de los mejores agentes. La
Alianza Rebelde le echaría de menos, pero no podía ofrecerle ninguna ayuda.
¿Quién sabía cuánto les había contado a los imperiales acerca de sus
operaciones en los sectores adyacentes?
Rixen quedó inmóvil cuando unos oficiales de
Aduanas Imperiales pasaron cerca, aparentemente con prisas. Pensó que era mejor
cambiar la conversación por el momento:
-¿Y después de que gire a la izquierda en la Puerta
96B, encontraré el mostrador de embarque de la Nube Luz de Estrellas?
La programación de L1V-IN captó la señal y le
siguió la corriente.
-Sí –respondió-, pero asegúrese de tener toda su
documentación dispuesta para el funcionario del mostrador.
Cuando los oficiales desaparecieron de la vista,
Rixen ordenó a L1V-IN que continuara.
-Mensaje dos: Stabris ha seguido camino hacia los
Territorios del Borde Exterior, ya que se han incrementado las operaciones
imperiales de contra-espionaje en los Mundos del Núcleo y las Colonias. Permanecerá
en Bimmisaari y esperará a contactar con usted.
Parecía que los planes de viaje de Rixen iban a
cambiar. Sin embargo, tal vez fuera mejor que se mantuviera lo más lejos posible
de los Mundos del Núcleo, por ahora. La Inteligencia Imperial estaba
interceptando sus operaciones allí, y cada vez era más y más implacable
persiguiendo a sus agentes.
-Mensaje tres: Del agente Do’naal.
¿El agente Do’naal? Rixen se preguntó cómo era
posible que el supuesto espía imperial hubiera accedido a uno de los droides de
información modificados de la rebelión. Algo no iba bien...
L1V-IN continuó comunicando el mensaje.
-Está rodeada. Ponga las manos sobre la cabeza. No
haga movimientos bruscos.
-¿Qué? -exclamó Rixen. Antes de que pudiera
apartarse del droide, fue rodeada por varios agentes imperiales encubiertos,
todos ellos apuntándola con sus blásteres. Habían estado en todas partes,
esperándola; los transportistas autónomos que disfrutaban de su caffa en el
puesto de comidas, el dependiente de la tienda de artículos de viaje, el
técnico que reparaba el droide de limpieza, incluso los dos viajeros gruvianos “perdidos”.
La mano de Rixen voló al bolsillo externo de su
mochila. Si podía pulsar el interruptor de hombre muerto, activaría una carga
de detonita oculta en L1V-IN que se llevaría por delante a ella y a todos los
agentes.
Antes de poder extraer la caja del detonador
remoto, un férreo agarre le sujetó la muñeca y le apartó la mano de la mochila.
Presa del pánico, Rixen no se había dado cuenta de que alguien se había
deslizado tras ella... Do’naal. Le presionó el brazo contra la espalda, extrajo
el bláster de mano de la funda que la agente llevaba oculta bajo la chaqueta, y
dejó caer el arma al suelo.
-Te estábamos esperando, Rixen, querida –le
masculló al oído-. No podíamos dejar que abandonaras los Mundos del Núcleo sin
una última charla con tus viejos amigos de la Inteligencia Imperial, ¿verdad?
-¿Cómo me habéis encontrado? –tartamudeó Rixen,
comenzando a perder los nervios. Sabía que no iba a tener ningún encuentro con
Stabris en el Borde Exterior-. Hay casi medio millón de estos pequeños droides
de información vagando por el Puerto de Pasajeros de Kuat. ¿Cómo descubristeis que
este era nuestro punto de contacto?
-Tu amigo Vewin fue de lo más cooperador, con los
incentivos adecuados –dijo Do’naal con una mueca-. Por suerte fuimos capaces de
reprogramar a este pequeño droide amigo tuyo antes de que llegaras a Kuat. Qué
lástima.
Varios soldados de asalto llegaron a la escena. Do’naal
empujó a Rixen hacia ellos, y ellos le arrebataron la mochila y le sujetaron
las muñecas a la espalda con bandas de contención.
Do’naal mostró una sonrisa malvada y se acarició la
barba.
-Voy a disfrutar especialmente interrogándote yo
mismo.
Entonces los soldados de asalto condujeron a Rixen
a las mazmorras de detención imperiales.
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