jueves, 23 de octubre de 2008

Cielo Rojo, Llama Azul (II)

Más tarde, en el reconfortante calor de la academia, los pensamientos de Jag se entretuvieron en la figura del gran almirante Thrawn. Era más sabio guardar esos pensamientos para sí mismo, incluso cuando se unió a los demás cadetes para la cena.
Largas y rectas hileras de futuros guerreros de piel azul llenaban el comedor. Todos permanecían completamente erguidos, nadie hablaba. Sentados con una postura perfecta sobre los bancos de plastiacero desprovistos de respaldo, cenaban silenciosamente. Imposible imaginar al verles que el objetivo central de sus vidas acababa de desaparecer súbitamente.
Durante meses, la frase “¡Thrawn ha vuelto!” había resonado por toda la nebulosa de Rata como los cantos matutinos de los pájaros que se propagaban a través del bosque protegido por la cúpula de la academia. Los rumores de la supervivencia del gran líder habían galvanizado los puestos de avanzada Chiss. El entrenamiento de los cadetes se había acelerado con la esperanza de que el gran almirante les llamaría pronto al servicio activo. Incluso Jag había recibido una nave. Se consideraba igual de preparado que los demás cadetes Chiss, e igual de decidido a esforzarse en el servicio.
Pero el retorno de Thrawn no había sido más que una mentira, un engaño perpetrado por un clon y su cómplice. Jag sintió como si alguien le hubiera arrebatado su desgarrador en pleno vuelo. ¿Qué se suponía que él y los demás cadetes debían hacer ahora?
Como para responderle, un Chiss de elevada estatura con el uniforme burdeos de comandante de la casa Phalanx irrumpió en la sala. Los cadetes se incorporaron bruscamente y se giraron con precisión militar hacia la entrada para esperar las palabras del comandante.
Jag esperaba con ellos, observando al comandante Chiss con una mezcla de interés y aprensión. Conocido solamente con el nombre de “Stent”, había servido junto al almirante Voss Parck y con el padre de Jag, el general barón Soontir Fel. Stent era también la razón por la que Jag había acudido a esta academia en concreto.
-Descansen -dijo el Chiss con voz baja y perfectamente modulada que alcanzó hasta los rincones más alejados del comedor. Los cadetes adoptaron una postura más relajada, con los ojos fijos en su líder-. El puesto de unión comandado por el almirante Voss Parck ha caído en manos de la Alianza Rebelde -dijo sin más preámbulos.
Jag superó el golpe con dificultad. ¡El puesto de su padre, destruido! Una vez más los rebeldes habían reducido al caos una parte de su ordenado mundo. El comandante Gimald avanzó hacia Stent y realizó se cuadró marcialmente, en un saludo de cortesía reservado habitualmente a los militares de rangos más elevados. El inequívoco signo de un futuro desacuerdo. Era el tipo de ironía mordaz que Jag había aprendido a esperar de los Chiss.
-Con el debido respeto, comandante Stent, la antigua Alianza Rebelde no es llamada así desde hace al menos diez años. Los cadetes son instados a permanecer al corriente de los acontecimientos políticos.
-El nombre puede haber cambiado tras la tan renombrada Batalla de Endor, pero tras quince años esta autoproclamada “Nueva República” no sigue siendo sino una apestosa colección de delincuentes, campesinos y desertores -respondió Stent sin rodeos-. Pero no me han enviado aquí para discutir de exactitudes semánticas. ¿Me da usted su permiso, comandante?
Gimald le otorgó la palabra, con el rostro tenso, saludando de un modo sombrío y formal que sería más apropiado en una audiencia con el senado Chiss.
-Hubo dos olas de ataques -continuó Stent-. La primera vino de espías Jedi. Las instalaciones fueron destruidas. Salvamos lo que pudimos, pero la llegada de otras naves nos obligó a una retirada estratégica. Es posible que hayamos dejado olvidadas algunas grabaciones. Si los cierres de seguridad han sido violados, el emplazamiento de esta academia corre el riesgo de ser descubierto.
Jag mantuvo la mirada fija, pero un repentino calor invadió su rostro cuando sintió las rojas miradas de los otros cadetes clavadas en él. El emplazamiento de la academia no había entrado en los bancos de datos. Ningún humano salvo el barón Fel conocía su emplazamiento, y esta información sólo se le había dado a regañadientes y su precio había sido la seguridad de su único hijo vivo. El barón Fel comprendía que traicionar el emplazamiento de esta academia significaría igualmente arriesgar la vida de su hijo. Jag sabía que su padre no le traicionaría.
Inmóvil, Stent estaba allí, preparando la academia para un ataque. Estaba bajo las órdenes del general barón Fel. ¿Por qué había venido, sino porque la Nueva República había descubierto el emplazamiento de la academia?
Un débil murmullo rompió el silencio y creció rápidamente convirtiéndose en una ola salvaje que abarcó todo el espectro sonoro, mezclando un grave rugido atronador que hizo retumbar el suelo con un agudo alarido de depredador. Las alarmas sonaron y se encendieron avisos luminosos.
Los Chiss se precipitaron hacia los hangares de las naves.
Jag les siguió como lo había hecho numerosas veces durante los ejercicios, recorriendo rápidamente los pasillos que surgían radialmente del vasto bosque ubicado en el centro de la cúpula. El pasaje estaba lleno de un complejo olor vegetal que contrastaba extrañamente con la flota de metal y cerámica visible a través de los muros de transpariacero de los hangares.
Jag recordó demasiado tarde que su nave, la tristemente célebre Llama Azul, no estaba en el hangar, sino en la bahía de reparaciones.
De nuevo.
Su corazón se hundió. Aminoró su paso y se pegó al muro del pasillo para dejar pasar a los demás. Su mirada se posó con envidia en uno de los lisos y brillantes desgarradores plateados asignados a sus camaradas. Con su cabina redondeada y sus cuatro brazos de metal limpiamente curvados, parecían una manada de fieras, agazapadas en el suelo y listas para saltar hacia el cielo.
Súbitamente, un terrible choque hizo estremecerse la estructura, proyectando fragmentos del muro de transpariacero sobre el suelo. Jag alzó los brazos ante su rostro, pero antes pudo ver a los cadetes caer bajo una brillante ducha de fragmentos afilados como cuchillas. Muchos de los estudiantes Chiss no volvieron a levantarse. Los ensangrentados supervivientes se arrastraron entre los escombros para llegar a sus naves. Luego se detuvieron, mirando consternados, con los labios tensos, su flota arruinada.
Pequeños fuegos ardían por el hangar. Los extintores se activaron, apagando las llagas, pero incapaces de aliviar el ardiente dolor proveniente de una docena de heridas repartidas por el cuerpo de Jag. Extrajo de su antebrazo un fragmento particularmente doloroso, y luego examinó el resto de daños.
La causa del desastre había sido un carguero de tamaño medio. Sus restos dispersos cubrían el suelo del hangar, que se había deformado y resquebrajado bajo el impacto. Su cargamento, la mayor parte del cual no era militar, salía del quebrado casco y se extendía por el suelo. Entre el impacto y los escombros, la mayor parte de los desgarradores habían sido dañados de manera irreversible. Sólo uno parecía seguir aún intacto.
Jag miró hacia arriba. El techo estaba perforado, con un enorme agujero que revelaba otra brecha en el muro exterior de la cúpula. Los dentados bordes de ambas aperturas refractaban la luz de las lunas convergentes. Era una suerte, advirtió Jag, que el planeta estuviera en una de las estaciones templadas de su complejo ciclo, que duraba años. Si hubieran estado en el invierno profundo, la ruptura de la cúpula habría significado una muerte segura.
-No ha sido un ataque deliberado -dijo Jag, buscando los ojos del siniestro rostro de Stent-. No han sido los rebeldes... ni la Nueva República.
El Chiss le miró fríamente.
-Explícate.
Jag dio una patada a una caja reventada, y a la pila de brillantes tejidos que había contenido.
-Esto parece más un saqueo que el cargamento de una nave militar. Usted dijo que la primera oleada de ataques fue llevada a cabo por espías Jedi, y que la segunda llegó más tarde. Es posible que el segundo ataque se deba a piratas, y no a la Nueva República.
Stent consideró la sugerencia.
-Es posible. Yo no estaba allí para confirmar la identidad de los agresores. Pero, ¿piratas viajando con Jedi? Eso no parece lógico.
-Tampoco inaudito -repuso Jag-. La princesa Leia Organa de Alderaan se casó con un contrabandista. Esos extraños compañeros de cama pueden haber sentado un precedente a seguir. Por otra parte, las organizaciones piratas pueden llegar a ser muy ingeniosas. Podían haberse enterado del ataque y seguirles como aves carroñeras hasta el campo de batalla, sin tener ningún contacto con los Jedi.
Una Chiss grande y musculosa se acercó a ellos y saludó rápidamente al comandante.
-Solicito permiso para hablar -dijo, echando una insistente mirada a Jag, que no había seguido ese protocolo. Sus ojos rojos se detuvieron un instante en la insignia azul presente en las mangas y perneras del traje de vuelo de Jag. El traje de vuelo de ella estaba marcado en rojo, como el de todos los demás Chiss. La primera vez que recibió el uniforme, Jag pensó que se trataba de un símbolo, una forma de integrar al cadete humano con sus camaradas de piel azul cielo. Pero luego se dio cuenta de que era justo lo contrario.
Stent la autorizó con un brusco movimiento de su cabeza. Ella volvió a saludar.
-Teniente Primero Shawnkyr Nuruodo, comandante de cadetes. En mi opinión, señor, el humano podría tener razón. Parece evidente que este carguero ha sido dañado en el asalto del puesto avanzado. El piloto ha intentado aterrizar sobre lo que parecía ser un lago y ha sido sorprendido por la cúpula. Para cuando se dio cuenta de su error, era demasiado tarde para variar el rumbo.
-Exactamente -convino Jag-. Nunca han sabido que estábamos aquí.
-Ahora lo saben.
Shawnkyr señaló al techo agujereado. Minúsculas siluetas de naves intrusas atravesaban la pálida cara de Asdroni, la mayor de las tres lunas del planeta. Parecían girar alrededor del globo incandescente, engordando a cada vuelta.
-Están aterrizando -concluyó Stent-. Si son piratas, aterrizarán y saquearán la academia. ¿Dónde están sus comandantes, sus instructores?
La mirada de Shawnkyr se desplazó hacia varias formas inmóviles que se encontraban bajo pequeños montones de cristal roto.
-Estaban indicando el camino a los hangares. Usted es ahora el oficial de mayor rango, comandante Stent.
El Chiss asintió con un movimiento de cabeza y extrajo un pequeño bláster de su cinturón. Se lo dio a Shawnkyr.
-Vaya con diez guerreros a la armería más cercana y reúnan todos los charrics y cargadores de reserva que puedan. Tráiganlos aquí. Los piratas llegarán pronto por la brecha de la cúpula. Debemos estar preparados para recibirles.
Shawnkyr sujetó el bláster en su cinturón. Buscó con la mirada entre los conmocionados supervivientes.
-Fenlish, Kanna, que cada uno de vosotros elija cuatro hombres, y seguidme -gritó, antes de apuntar con la cabeza a Jag para indicarle que él también debía ir con ellos.
Los cadetes corrieron por los pasillos hacia la armería más próxima, y luego miraron a Shawnkyr con impaciencia. Los comandantes de cadetes habían recibido tarjetas llave con las combinaciones de los armarios para utilizarlas en circunstancias como esa.
Tocó el bolsillo de su uniforme, pero la tela desgarrada colgaba en un doblez vacío, su contenido se había perdido. Una onda color lavanda subió por su rostro.
Impulsivamente, Jag se giró y dio una patada a la taquilla, justo a un lado del mecanismo de apertura. El débil metal se deformó. Una segunda patada dobló la puerta hacia dentro, separándola de la cerradura, pero sin conseguir en absoluto abrirla. Con un suspiro de exasperación, Jag tomó el bláster de Shawnkyr y disparó un solo tiro en la cerradura. La puerta se balanceó y se abrió con un chirrido de protesta.
-Es más rápido de este modo -explicó Jag a los asombrados Chiss. Comenzó a retirar los blásters charric de la taquilla. Dejó el primer cargamento en los brazos de Shawnkyr. Sus ojos se encontraron sobre las armas apiladas.
-¿Sus órdenes, teniente? -preguntó.
Ella se recompuso.
-Tlarik, ayuda a Jag a reunir las armas. Todos los demás, poneos en fila. Tomad todo lo que podáis llevar de un viaje y volved con el Comandante Stent para recibir más instrucciones.
Shawnkyr giro sobre sus talones cuando acabó de dar las órdenes a los demás. Jag recogía las armas y las lanzaba hacia los Chiss que estaban esperando. Apiló todas las células de energía restantes en los brazos de Tlarik e hizo al último cadete un gesto de partir. Quedaban más armas con las que no podían cargar de forma razonable, pero los cadetes necesitarían todas ellas. Jag pasó las correas de los rifles sobre sus hombros hasta que apenas pudo tenerse en pie con el peso de las armas. Reunió aún más en sus brazos y se dirigió hacia el punto de encuentro. Stent y uno de los cadetes supervivientes verificaban el único desgarrador intacto.
Estaba a unos cien metros de distancia cuando una descarga de rayo láser atravesó el hangar. Un resplandor rojo iluminó la devastación. Cuando se apagó, el desgarrador había desaparecido, al igual que los dos Chiss que lo examinaban.
-Stent -dijo Shawnkyr, sin aliento.
-Usted está al mando -le recordó Tlarik.
Shawnkyr se recompuso casi instantáneamente.
-Que todo el mundo coja un arma y dos cargadores. Cuando todo el mundo esté armado, que aquellos que sean más o menos de mi estatura tomen una segunda arma, mientras quede alguna libre.
Con sus ojos rojos, barrió rápidamente el hangar. Jag siguió su mirada e intentó adivinar por donde iban sus pensamientos. En el extremo más alejado del edificio se encontraba uno de los numerosos pasillos que formaban círculos concéntricos alrededor del bosque interior. Los hangares estaban cerca del centro de la cúpula, una posición cuya intención era proteger las naves de un ataque. Ya que la cúpula era prácticamente invisible desde arriba, sólo un asalto terrestre era considerado como una auténtica amenaza. Sólo la catastróficamente mala suerte de que el carguero se estrellara contra la cúpula había cambiado eso.
-Sellaremos todos los círculos más allá de este -decretó Shawnkyr. Su mirada pasó de un cadete a otro-. Gintish, sella este pasaje. Bombea el oxígeno de todos los pasillos exteriores para contener a los invasores en el centro. ¿Puedes hacerlo? -El joven Chiss se cuadró rápidamente y se puso en marcha-. Eso impedirá el saqueo. Con un territorio limitado para explorar, los invasores se dirigirán hacia el centro del bosque. Les esperaremos allí -concluyó Shawnkyr, echando un vistazo a la cúpula destruida. Sobre ellos, las naves enemigas giraban bajando más y más.
Los jóvenes Chiss tomaron posiciones. Mientras Jag sostenía un charric, se preguntó si era el único que se sentía inquieto acerca de ese plan. Lo que Shawnkyr sugería era una de las tradicionales tácticas nacidas en los ejercicios que los Chiss habían concebido para proteger a los estudiantes de la academia en caso de invasión terrestre. Todos habían sido entrenados en combate cuerpo a cuerpo, usando el terreno del bosque artificial como una segunda arma. El padre de Jag le había enseñado que los Chiss tenían una aptitud inigualable para el pensamiento táctico. ¿Por qué, entonces, estaba Jag tan inquieto?
El bombardeo fue tan brutal como repentino. El fuego láser se desplegó por la cámara destrozada, seguida por el resplandor azul de los torpedos protónicos.
-¡Al bosque! -gritó Shawnkyr.
Los Chiss se dispersaron, huyendo de la proximidad inmediata de la primera explosión, tropezando por los pasillos sobre los escombros dispersos mientras se dirigían al refugio central. Allí, la cúpula era más alta y también más impermeable, ya que tenía un espesor de varios metros y estaba protegida por un potente escudo. Jag corría justo detrás de Shawnkyr.
El pasillo ante ellos explotó entre chirriantes trozos de metal. Jag se lanzó sobre Shawnkyr. Cayeron con fuerza y rodaron juntos hasta un pasillo cercano. Se encontraban en la bahía de reparaciones, uno de los lugares más seguros aparte del propio bosque.

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