jueves, 23 de octubre de 2008

Solitario de Jade (II)

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Afortunadamente para él, no lo había hecho.
-Lo siento, Mara -se disculpó Dankin con aire más bien tímido, mientras él y el resto de la tripulación se agrupaban en el exterior de los deslizadores de superficie con lunas tintadas en los que sus aprehensores les habían llevado-. Cayeron sobre nosotros en la escotilla.
-No se preocupe por ello -dijo Mara, mirando alrededor mientras eran conducidos hacia la puerta lateral de una mansión ornamentada y bien defendida. No había ninguna indicación de quién era el dueño, ni siquiera de dónde estaban exactamente, aunque por los sonidos de naves espaciales en la distancia probablemente no estarían a más de unos kilómetros del espaciopuerto-. Veamos de qué va todo esto. Siempre podemos preocuparnos de eso más tarde.
Entraron por la puerta delantera, subieron una escalera, y cruzaron un corredor hasta una enorme oficina cuyo nivel de lujo dejaba al resto de la mansión a la altura del polvo. Un grupo de sillas había sido colocado enfrente de un gigantesco escritorio que parecía ser casi de la mitad del tamaño del puente entero del Salvaje Karrde.
Y sentado detrás del escritorio, observándoles como un comprador de carne evaluando la marcha de una manada de brualikis, había un hombre grande, de constitución pesada.
-Gracias por haber venido -dijo, con una voz que penetraba la distancia sin dar ninguna impresión de que estuviera forzando los límites de su volumen-. Por favor, siéntense.
-Su invitación era difícil de ignorar -le dijo Mara, escogiendo la silla directamente delante de él y sentándose-. Debería considerar probar un acercamiento más cortés.
-Si hubiera tenido tiempo, lo habría hecho -dijo el hombre rechoncho, mirando de nuevo por encima de ellos-. ¿Dónde está Karrde?
-No está aquí -dijo Mara. Y no que creo que se una a la reunión pronto, además, agregó silenciosamente para sí misma. Estaba en el sistema de Gekto gestionando algunos cargamentos, y no se esperaba que volviera hasta mañana. Sólo podía esperar que él no fuera prendido tan fácilmente como lo habían sido el resto de ellos-. Yo soy Mara Jade, actualmente a cargo del Salvaje Karrde. ¿Qué quiere?
Los ojos del hombre se estrecharon. Mara se enfrentó de igual modo a su mirada; después de unos segundos, su cara se aclaró e incluso sonrió ligeramente.
-Mara Jade: He oído hablar muy bien de usted, joven dama. Sí, usted lo hará muy bien.
Al lado de Mara, Dankin se revolvió como si estuviera a punto de hablar. Mara le lanzó una rápida mirada, y él se detuvo.
-Muy bien, sí señor -murmuró el hombre grande-. Perfectos para la misión, tanto usted como su gente. Sí, ustedes lo harán. -Tomó una respiración profunda-. Primero, algunas presentaciones. Me llamo Ja Bardrin. Quizás usted haya oído hablar de mí.
Mara mantuvo estático su rostro, haciendo interiormente una mueca de dolor ante la onda de sorpresa que atravesó al resto de la tripulación. Claro que habían oído hablar del industrialista -medio el sector lo había hecho-, pero ésa no era ninguna razón para caer en su juego de falsa modestia y egolatría.
-Creo que he visto su nombre de pasada una o dos veces en alguna nota a pie de página -dijo ella serenamente-. Bajo armas y sistemas de nave, si recuerdo correctamente. Trabajando usualmente en las áreas del mercado a las que Uoti no ha conseguido todavía acceder.
Sintió pequeña satisfacción al vislumbrar en él una llamarada de molestia por eso. El Grupo Bardrin y la Corporación Uoti habían estado compitiendo por una posición en el mercado y por prestigio durante hacía ya más de dos décadas, una rivalidad que era profunda y amarga y que no mostraba ninguna señal de poder estar resuelta pronto.
Desafortunadamente, el breve parpadeo de enojo de Bardrin menguó demasiado rápidamente para que ella pudiera usar el descenso en su guardia mental para extraer alguna visión de su mente.
-Pero basta de charla -continuó-. Lo preguntaré de nuevo: ¿qué quiere?
Bardrin enfrentó sus los ojos con los de ella.
-Mi hija Sansia ha sido capturada. Quiero que usted la rescate.
Mara frunció el ceño.
-Creo que sus proveedores de información necesitan un curso de repaso de cómo hacer su trabajo. Nosotros no nos ocupamos de operaciones militares.
-La misión requiere a una mujer -dijo Bardrin-. Una hembra humana lista, competente, entrenada en combate.
-Entonces contrate a una Mistryl.
Bardrin agitó su cabeza.
-No hay tiempo para avisarlas, incluso si supiera cómo hacerlo. Tengo que recuperar a Sansia ahora, antes de que sus captores se den cuenta de a quién se han llevado.
-¿De qué está hablando? -dijo Odonnl-. Usted dijo que la secuestraron.
-Yo dije que la capturaron -contrapuso Bardrin, fijando a Odonnl en su silla con una sola mirada despectiva-. Haga el favor de prestar atención. -Volvió a mirar a Mara-. Ella y el yate de lujo SoroSuub tres mil en el que volaba fueron apresados por un grupo de piratas mientras se encontraban en el puerto de Makksre, y entregados a un consorcio esclavista con base en Torpris y dirigido por un drach'nam llamado Praysh. -Alzó sus cejas ligeramente-. Supongo que usted también se habrá encontrado con ese nombre en sus lecturas de notas a pie de página.
-Una o dos veces -concedió Mara, conteniendo una mueca. En los círculos por los que se movía el Salvaje Karrde, el nombre de Chay Praysh era aún más conocido que el de Bardrin-. Creo que hace que hasta el difunto y poco llorado Jabba el Hutt parezca un ciudadano educado y honrado.
-Entonces usted entiende por qué yo quiero a Sansia y su nave fuera de sus manos -dijo Bardrin, con voz repentinamente baja y con una subyacente pizca de desesperación-. Sé que Karrde habría estado deseoso de ayudarme, pero Karrde no está aquí. Usted, Jade, debe tomar la decisión.
-¿Y qué hay de las autoridades? -dijo Dankin-. ¿Las Patrullas de Sector, o incluso la Nueva República?
-¿Y pedirles que hagan qué? -respondió Bardrin-. ¿Solicitar una audiencia con Praysh? ¿Lanzar un ataque a su fortaleza que la deje en ruinas y a todos en su interior muertos? Además, su seguridad hace aguas como un barco. Si Praysh descubre quién es Sansia, me sangrará todo lo que poseo. Y luego la matará de todas formas. -Miraba a Mara, con una mirada casi suplicante en sus ojos-. Sansia habrá sido enviada trabajar en los pozos de limo en su fortaleza -dijo-. Él envía a todas las cautivas humanas allí; algún profundo deseo de humillarlas, supongo. Usted tendrá que dejarse atrapar como otra prisionera.
-Espere un momento -le cortó Mara-. Ya le he dicho que no hacemos esta clase de trabajo.
-Entonces será mejor que aprenda rápidamente cómo hacerlo -retumbó Bardrin, con su anterior desesperación convirtiéndose abruptamente en ominosa amenaza-. No tengo tiempo para conseguir a nadie más. Usted es mi elección.
Mara cruzó sus brazos, acercando su mano al diminuto bláster oculto dentro de su manga izquierda.
-¿Y si me niego?
-Hay veinticuatro blásters ocultos en las paredes de este cuarto -dijo Bardrin-. Tres apuntando a cada uno de ustedes. Incluso antes de que pudiera sacar ese arma, vería morir a sus compañeros a su alrededor.
Mara recorrió rápidamente el cuarto con la mirada, estirándose con la Fuerza al hacerlo. Él tenía razón; podía darse cuenta de las presencias alertas escondidas detrás de las paredes ornadamente talladas alrededor de ellos.
Y si antes no había querido arriesgar la vida de Chin, ciertamente no iba a jugar ahora con la tripulación completa del Salvaje Karrde.
-No respondió a mi pregunta -dijo, desplegando sus brazos.
-Usted no se negará -declaró Bardrin, recostándose en su silla-. Ya ve, acaba de darme toda la influencia que necesito. Irá a Torpris y me traerá de vuelta a Sansia y a su nave... o ejecutaré a toda su tripulación.
Alguien a su izquierda, fuera de su vista, tomó aire con fuerza.
-Usted no puede ser tan estúpido -dijo Mara, intentando poner en su tono una confianza que no sentía. A través de la Fuerza podía leer las intenciones de Bardrin, y supo que iba mortalmente en serio-. Mate a la gente de Karrde, y Karrde irá tras usted. Y le garantizo que no es un enemigo con el que se deba bromear.
-Yo tampoco, querida mía -dijo oscuramente Bardrin-. Un concurso entre nosotros podría resultar bastante interesante. -Alzó un grueso dedo hacia ella-. Pero independientemente del resultado, usted todavía tendría que continuar su vida con el conocimiento que fue su obstinada cabezonería lo que les envió a la muerte. No creo que ésa sea realmente una carga que desee llevar.
-No había necesidad de ponerse tan melodramático -dijo Mara, empujando su frustración y su enfado a las profundidades de su mente, dónde no pudieran mostrarse. Encontrarse siendo manipulada tan fácilmente era enfurecedor.
Pero no tenía elección. Ella era la segunda de a bordo de Karrde, y había visto la preocupación y el respeto que él mostraba continuamente hacia su gente. No iba a rebajar esas normas, y ciertamente no iba a arriesgar las vidas de su gente rechazando a Bardrin. Y todo el mundo en la sala lo sabía.
-Veré qué puedo hacer. ¿Qué equipamiento puedo tener?
-Todo lo que quiera -dijo Bardrin, poniéndose en pie y ondeando una mano. Detrás de ellos, Mara oyó abrirse las puertas-. Mis hombres escoltarán a sus compañeros a los cuartos dónde permanecerán hasta que usted y Sansia regresen. Usted y yo iremos a hacer los arreglos que necesite.
-Bien -dijo Mara, caminando a su lado mientras pasaban entre las líneas de guardias que entraban.
Pero eso no significaba que el asunto acabaría con el rescate de Sansia, se prometió silenciosamente. Ni mucho menos.


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