martes, 28 de octubre de 2008

MedStar: Intermezzo (III)

Den Dhur había permanecido en la cantina después de que los otros salieron. Mamá Dhur no había criado a ningún vástago loco, y loco era lo que tenías que estar para salir al llameante sol de la tarde si no tenías por qué hacerlo. Así que el plan de Den para el resto del día era uno bien simple, y lo haría mejor a solas: mantener el negocio de la cantina con su garganta.
El zumbido de un servomotor cerca de la trasera del edificio le hizo mirar alrededor. Un droide de construcción estaba dando los últimos retoques en uno de los paneles traseros. La SO estaba en funcionamiento, Den lo sabía, junto al resto de la infraestructura de apoyo necesaria; y la cantina, por supuesto. Pero el resto de la base aún estaba siendo instalado desde hacía casi una semana. Agradecía que la cantina hubiera sido lo segundo en ser erigido, después de los edificios del Uquemer. Alguien tenía en orden sus prioridades.
Aun así, sin embargo, Den —y otros con los que había hablado— todavía tenía una clara sensación de permanecer bajo el fuego. Como si todos ellos estuvieran esperando a que alguien o algo les diera permiso para continuar con el resto de sus vidas, o por lo menos con el resto de su estancia en Drongar. Había un término musical que Zan usaba bastante... Den frunció el ceño, buscando la palabra. Intermezzo. Una pieza corta y simple, uniendo dos trabajos separados. Aunque a menudo se la despreciaba como algo menos que "música para turboascensores", a veces podría ser, según el compositor zabrak, extremadamente importante.
—Como el tejido conjuntivo —había explicado a Den—. Mantiene todo lo demás en su lugar.
Miró al resto de los parroquianos. Había siete u ocho otros seres que eran principalmente humanos, pero no todos. El bothano que se había colocado delante de él antes todavía estaba allí, observando pensativamente su jarro. Más cerca de la entrada una ishi tib parecía estar coqueteando con un ugnaught. Den se estremeció ligeramente. Agh, demonios, esa unión sólo podría darse en el Planeta Infierno. Observó apresuradamente el resto del lugar, y vio a una técnico de medicina durosiana que acababa de entrar. Algo sobre ella hizo que el sentido de la historia de zumbase. Recogió su bebida y fue a unirse a ella en la barra.
Gesticuló al camarero. Lo que ella quiera. La técnico asintió agradecida, y Den hizo un gesto quitándole importancia.
—Sólo dime algo de interés. Tengo aplacar a esa bestia insaciable llamada Servicio de Noticias de la HoloRed.
—No hay mucho que contar —dijo la durosiana—. Todos ocupados. Mesas llenas, vestíbulos llenos, gente apilándose fuera.
—Noticias viejas, querida. Dame algo jugoso de donde pueda sacar una historia.
—Bueno, hay una cosa. Vondar está cortando a un mercenario enemigo.
Las orejas de Den giraron hacia delante.
—¿Sí?
La durosiana bajó su voz.
—Y no creo que nadie le haya dicho que su paciente es el mismo tipo que dirigió la carga a nuestro último campamento... el que mató al doctor Yant.
Den parpadeó.
—Que me ordeñen con un turboláser. Eh, dile a Narizotas que me apunte tus próximas tres bebidas.
Se levantó y volvió a su propia mesa, rumiando ese dato y observándolo desde todos los ángulos.
Era un chisme, no una noticia, pero era un chisme bastante bueno. No le gustaría ser el paciente bajo la vibrohoja de doc Vondar cuando Jos averiguase que estaba operando al mismo ser responsable de la muerte de Zan Yant. ¡El sepa tendría mejor suerte afeitando a un wookiee con los ojos vendados y una hoja oxidada!

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