viernes, 18 de octubre de 2013

Tormenta de fuego (y IV)

El nodo de control central de la Estación Exis estaba oscuro y olía a rancio. Todos los paneles de luz habían sido apagados cuando la estación fue clausurada y evacuada. Pero Luke encontró los sistemas automáticos que deslizaban las gruesas contraventanas que cubrían las ventanillas por toda la estación de control. Las pesadas cubiertas se deslizaron chirriando en sus oxidados raíles para revelar el resplandor filtrado de la corona de Teedio.
Erredós rodó hacia las estaciones principales y dejó escapar un lastimero silbido al inspeccionar los viejos ordenadores. Después de hacer una comprobación, Luke descubrió que muchos de los antiguos ordenadores se habían apagado, o sus circuitos se habían deteriorado tanto por la radiación suelta que sus bancos de memoria racional estaban seniles o enloquecidos.
-Accede a los controles y haz lo que puedas, Erredós –dijo, escaneando los paneles-. Tionne, podría necesitar que me ayudes a traducir algunas de estas inscripciones. –Sonrió irónicamente-. No quiero cometer otro error estúpido.
-Eso sería un primer paso –dijo la mujer de cabello plateado, mirándole con sus brillantes e inquietantes ojos domo el mercurio. Parecía estar teniendo problemas para tratar con él como persona. Al principio había parecido sentir admiración por él, un Jedi sobre el que había oído tanto hablar. Ahora mostraba un poco de decepción al aceptar que él también era un simple humano-. Una vez que sepamos qué significan los controles, necesitamos hacer que funcionen de nuevo.
Luke permaneció a su lado mientras ella analizaba las etiquetas descoloridas y las palabras grabadas en los paneles de control. Él realizó rutinas de prueba y comprobó los mecanismos. Esperaba que algunos de los cohetes estabilizadores aún pudieran activarse y proporcionar suficiente impulso para alejar la Estación Exis lejos de la zona de peligro de la tormenta de fuego... al menos hasta que el puerto de atraque rotase volviendo de nuevo a la sombra, donde Luke podría trabajar en las puertas inoperativas de la bahía para liberar su ala-X y el velero solar de Tionne.
Tionne consiguió mostrar un diagrama que mostraba la estación y su posición. Identificó los módulos habitacionales instalados en los extremos de sus radios de expansión. El módulo de atraque que albergaba sus dos naves ya había pasado el punto de máximo apogeo del flujo del sol, pero aún le faltaba un largo camino antes de caer bajo la relativa seguridad de la sombra.
Ahora uno de los módulos habitacionales más grandes quedaba bajo el ardiente calor. Si Luke interpretaba correctamente lo que le decía el ordenador, ese módulo estaba lleno de agua para criaturas de hábitat marino.
Luke alzó la mirada al volver a sentir una opresión en el pecho, causada por una súbita emanación del sol. Sobre él, el hirviente gigante rojo ardía, escupiendo, vomitando al espacio una enorme protuberancia, un enorme chorro de fuego. El denso plasma salió despedido hacia ellos como la gigantesca ola de un tsunami como nunca se hubiera visto.
Tionne también lo vio.
-No podemos sobrevivir a eso. La Estación Exis va a quedar incinerada.
Luke volvió a volcarse en los controles inertes, tratando frenéticamente de hacer que los cohetes de la estación funcionasen de nuevo. La mayoría de ellos permanecían inactivos, pero encendió tres en el lado del sol para empujar un poco más lejos la mole abandonada. La Estación Exis se tambaleó, todavía alejándose lentamente de donde Tionne había expulsado el módulo de gas de cloro. Pero ese pequeño empujón no había bastado para darles suficiente velocidad, y la letal explosión de fuego solar se acercaba a ellos con una velocidad increíble.
-Esos cohetes son los únicos que funcionan –dijo Luke-. Voy a activarlos a plena potencia. Tal vez empujen lo suficiente para alejarnos lo necesario para sobrevivir. –Tragó saliva-.Pero será mejor que te agarres.
Pulsó los botones, esperando el empujón. Pero los indicadores de control se pusieron en rojo cuando dos de los motores fallaron. Luego, una explosión sacudió toda la estación.
-Acaban de explotar dos módulos de combustible más. –Tionne miró fijamente las lecturas y luego miró a Luke. Él esperaba ver más miedo en sus ojos, pero en lugar de eso su rostro se había endurecido-. Estamos muertos en el espacio, y no hay nada que podamos hacer para evitarlo.
-No voy a rendirme –dijo Luke-. Sólo tenemos que entender cómo funciona este sitio.
Volvió a los controles y solicitó en pantalla el diagrama que mostraba el módulo habitacional lleno de agua. Se encontraba ahora bajo el más fuerte resplandor del sol; la superficie de su casco debía estar en esos momentos de color rojo cereza. Las alarmas de estabilidad sonaron. Los paneles de diagnóstico y la integridad de la estación no aguantarían cuando el pico de la tormenta de fuego les alcanzase.
-¡Erredós, encuentra las puertas de carga de emergencia en esa bahía de agua! –gritó Luke.
-¿Para qué? –preguntó Tionne.
-¡No tenemos tiempo! –dijo Luke. El pequeño droide ya estaba trinando, escaneando los controles, engatusando a los poco fiables ordenadores para que le entregaran un poco de información. Finalmente, aparecieron los códigos, y Luke pulsó la anulación de emergencia, abriendo la doble puerta exterior del módulo de carga al espacio... exponiendo el gran volumen de agua oceánica a la ardiente llamarada.
Miles de toneladas de agua marina se evaporaron en el incandescente calor y el letal vacío, con fuerza explosiva. Luke se agarró a una de las sillas cercanas cuando toda la estación se estremeció y luego comenzó a acelerar alejándose. El agua continuó manando como un cohete, empujando la Estación Exis cada vez más lejos del sol.
-¡Eso nos está dando bastante velocidad! – dijo Tionne.
-Esperemos tan sólo que haya suficiente agua –respondió Luke.
La Estación Exis fue ganando velocidad y continuó moviéndose. La increíble llamarada solar avanzaba hacia ellos, pero parecía quedarse atrás mientras ellos se alejaban de ella. La ciudad abandonada gimió y tembló, manteniéndose a duras penas de una pieza.
Luke continuó pulsando controles y finalmente logró que uno solo de los motores estabilizadores de la estación funcionase. El pequeño cohete unió su impulso al decreciente rugido del océano al escapar y evaporarse.
Tionne dijo con tristeza:
-Sin duda ese módulo estaría lleno de objetos bien conservados.
-Al menos, nosotros estamos bien conservados ahora –dijo Luke.
La serpenteante lengua de la llamarada solar alcanzó su pico y comenzó a regresar oscilando hacia el sol, atraída por la gravedad y los campos magnéticos de Teedio, alejándose de ellos.
-Ahora la Estación Exis debería estar a salvo –dijo Tionne- por unos cuantos cientos de años más, al menos.
Luke le sonrió.
-Eso es mucho tiempo para poder volver e investigar todo lo que quieras.
***
Orientada de nuevo en la sombra, la bahía de atraque rápidamente se enfrió lo suficiente para que Luke, Tionne y Erredós pudieran volver a entrar en ella con seguridad. Con pies ligeros, Tionne volvió corriendo al Buscador de Sabiduría para asegurarse de que ninguno de sus antiguos y delicados sistemas había recibido daños.
Mientras Erredós se dirigió a efectuar diagnósticos en el ala-X con sus instrumentos, Luke inspeccionó los controles automáticos que abrían las gigantescas puertas de la bahía de atraque. La explosión que había roto los impulsores estabilizadores también había fundido las conexiones de guía del ordenador. Con gesto sombrío en su rostro, extrajo su sable de luz y lo activó. La pulsante hoja de energía verde amarillenta siseó en la cámara cerrada.
-Tendremos que hacerlo manualmente –dijo Luke mientras cortaba los cables de control del ordenador. El mecanismo chisporroteó y quedó en estado latente. Ahora sería un esfuerzo simple hacer que las puertas selladas se abrieran.
Incapaz de detenerse, Tionne se volvió para mirar fijamente la hoja Jedi, maravillándose ante ella. Sus ojos color madreperla se abrieron como platos, y se quedó boquiabierta, asombrada.
Cuando vio su fascinación, Luke levantó su sable de luz en posición de saludo.
-No has llegado a decirme por qué viniste aquí, Tionne –dijo-. ¿Por qué me enviaste ese mensaje diciéndome que debía venir aquí?
-Porque eres un Jedi –dijo ella-. Sé que pretendes entrenar a otros Caballeros Jedi, y creo que deberías tener acceso a cualquier conocimiento que pueda estar almacenado aquí, en esta estación. –Sostuvo las placas de datos que había rescatado.
-No podría estar más de acuerdo –dijo Luke-. Mi formación en historia Jedi deja bastante que desear.
Tionne insertó una de las placas de datos en su antiguo lector.
-Mira esto, por ejemplo. Si pretendes enseñar a nuevos Caballeros Jedi, debes conocer su historia, lo que otros Jedi hicieron.
Una pequeña y parpadeante imagen holográfica de una mujer joven y de aspecto resuelto surgió vacilante del reproductor. Era esbelta y vestía ropas arcaicas; su cabello estaba recogido de forma práctica pero poco estilosa. Podría haber tenido un rostro suave y adorable, pero las tragedias parecían haberla endurecido, añadiendo arrugas a su expresión.
-Todos hemos sufrido un gran desastre, y ahora ha llegado el momento de superarlo –dijo.
-Esta es Nomi Sunrider –susurró Tionne-. Uno de los Caballeros Jedi más grande de todos los tiempos. Esto es un discurso que dio aquí en la Estación Exis, durante la convocación Jedi.
Luke escuchó cautivado mientras Nomi continuaba.
-La guerra se ha extendido por la galaxia, pero ahora ha terminado. Nunca podremos olvidar a los muertos... pero tampoco debemos olvidarnos del futuro. Debemos confiar en la Fuerza. Mientras haya Caballeros Jedi, habrá esperanza.
Nomi continuó, pero la mente de Luke comenzó a dar vueltas.
-Esas palabras tienen miles de años de antigüedad –dijo-, pero siguen teniendo mucha relevancia hoy día.
-La historia siempre tiene relevancia para el presente –dijo Tionne. Tragó saliva y le miró fijamente-. Tengo entendido que posees un holocrón que también está lleno de historias.
Luke asintió.
-Cierto. Pero eso no explica tu interés.
-Siempre me han fascinado los Jedi –dijo, encogiendo los hombros con aire incómodo-. Las historias, las leyendas, las he ido recopilando durante toda mi vida. Era como una obsesión para mí. Conozco muchas de las canciones, las baladas, toda la historia que pude recuperar, aunque el Imperio destruyó muchas de las grabaciones.
Luke la miró con mayor interés.
-¿Crees que podrías compartir algunas de ellas? ¿Estarías dispuesta a venir a Yavin 4 mientras establezco mi academia Jedi? Tal vez podrías decirme en qué me estoy equivocando, indicarme direcciones que debería saber. De otro modo, tendría que pasar años recogiendo el mismo conocimiento que tú ya has encontrado.
Tionne se puso erguida, henchida de alegría. Luego se calmó y permaneció con los hombros rectos y la barbilla bien alta.
-Me sentiría honrada, Maestro Luke Skywalker.
-¿Quién sabe? –dijo Luke-. Puede que incluso tú misma tengas algo de potencial Jedi.
-Eso sería esperar demasiado –dijo Tionne. Sus palabras eran suaves, un suspiro apenas pronunciado-. Pero nunca encontrarías una estudiante más dedicada.
***
Cuando escucharon las naves acercándose, Gantoris y Streen salieron del templo sombrío, levantando la vista al neblinoso cielo de mediodía. Vieron las formas plateadas, no sólo del ala-X de Luke Skywalker, sino también de otra nave extraña.
La esfera naranja de Yavin dominaba el horizonte, temblando en tonos naranja pastel como el ojo de un gigante con cataratas. Las naves que se acercaban pasaron frente al planeta. Streen se maravilló ante la forma recortada de la otra nave, un vehículo antiguo con grandes velas triangulares.
-Para el viento –dijo-. El viento solar.
Gantoris miraba a su lado.
-Probablemente el Maestro Skywalker haya encontrado otro estudiante.
Fueron a reunirse con las dos naves cuando tomaron tierra en el claro quemado por la hoguera, frente al Gran Templo. Luke abrió la carlinga de su ala-X y saltó al exterior, mirando hacia la nave de Tionne. La esbelta mujer de cabello plateado bajó con gracia los escalones metálicos de la escalera de embarque y miró con asombro los gastados zigurats de piedra. Luego miró a Streen y Gantoris.
-Esta es Tionne –dijo Luke-. Ya ha estudiado más leyendas e historia Jedi que nadie que haya conocido, así que pensé que era mejor que viniera a Yavin 4.
-¿Va a entrenar también con nosotros? –preguntó Streen.
Luke sonrió para sí y miró de soslayo a Tionne.
-Sí, eso creo. Le hice una prueba de camino a Yavin. Tiene afinidad con la Fuerza, y me vendrá bien cualquier ayuda en mis propias enseñanzas.
Tionne sonrió, sin aliento por su propia excitación.
-Pronto, Maestro Skywalker, espero que haya muchos más Caballeros Jedi nuevos que puedan comenzar a crear nuevas historias para que todos nosotros las contemos.
Juntos, caminaron a las frescas sombras del interior del Gran Templo.

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