martes, 14 de abril de 2009

Ascensión y caída de Darth Vader (XIV)

Interludio

Veintitrés años después del final de las Guerras Clon, Darth Vader no tenía dificultades para recordar el encuentro de Anakin Skywalker con el Canciller Supremo Palpatine en el Teatro de la Ópera. Aunque aún no había descubierto que Palpatine era en realidad el Señor del Sith Darth Sidious, fue en ese momento en particular cuando Anakin Skywalker decidió que debía aprender los secretos de los Sith.
En ese momento, Anakin se había convencido a sí mismo de que sólo quería obtener los poderes que le ayudarían a salvar a su esposa. No quería tomar el camino hacia el lado oscuro. De hecho, había seguido comportándose noblemente después de ese encuentro en la ópera. Cuando el Consejo Jedi volvió a insultarle seleccionando a Obi-Wan para perseguir al general Grievous en Utapau, Anakin se disculpó por su arrogancia. Y tras descubrir que Palpatine era el Señor del Sith que había asesinado a Darth Plagueis, y darse cuenta de que el Canciller no tenía intenciones de descender de su posición de poder tras la muerte del general Grievous, Anakin informó de su descubrimiento a Mace Windu, quien lideró un grupo de Maestros Jedi para apresar a Palpatine. Anakin había hecho lo correcto.
Pero debido a que Anakin creía que el único modo por el que podría salvar a Padme era adquiriendo los conocimientos arcanos de Palpatine, había sido incapaz de dejar que Mace Windu matase al Señor del Sith. Y así permitió que Palpatine desencadenase los Relámpagos Sith sobre Mace Windu, y eligió traicionar a todos los Jedi en Coruscant, y se doblegó ante Palpatine. Como nuevo aprendiz del Señor del Sith, tomó el nombre de Darth Vader antes de prepararse para matar a todos los Jedi que quedaban en el Templo Jedi. Ahora, tantos años después, Vader reflexionó sobre todos los Jedi que mató ese día. Recordando la expresión de asombro de Mace Windu al caer desde la ventana de la oficina de Palpatine, y los gritos de los niños Jedi y sus profesores, no sintió remordimientos. Tal como creía haber hecho lo máximo que pudo para ser un Jedi honrado, creía que sus acciones como aprendiz de Palpatine eran incluso más correctas.
Aún brotaba humo del Templo Jedi cuando Vader viajó al mundo volcánico de Mustafar para matar a los líderes separatistas en su escondite. Mientras tanto, Palpatine dictaba una orden a todas las tropas clon dispersas en la galaxia para que matasen a sus generales Jedi, y luego informó al Senado de que los separatistas habían sido vencido y la rebelión Jedi había sido sofocada. Alegres vítores acompañaron la declaración de Palpatine de que la República se reorganizaría en el primer Imperio Galáctico.
Tras matar a todos los líderes separatistas, el nuevo aprendiz de Palpatine caminó al exterior de la fortaleza de la montaña en Mustafar para observar los ríos de brillante lava que corrían por debajo. No se lamentaría por las vidas que había tomado. Pero por la pérdida de su antiguo ser, el niño que había soñado con convertirse en Jedi, fue incapaz de reprimir las lágrimas que cayeron por sus mejillas.
Anakin Skywalker había desaparecido. ¿O era él? Después de todo, Padme se había enamorado de Anakin, no de Darth Vader. No había previsto que Padme, viajando con C-3PO, le seguiría a Mustafar y pondría en duda la rectitud de sus acciones. Ni tampoco había previsto que Obi-Wan sobreviviría a la purga Jedi, y que la traicionera Padme lo traería con ella. A pesar de sus poderes y de años de empatización con Obi-Wan, su rabia había bloqueado su capacidad de sentir la presencia de su antiguo Maestro en Mustafar hasta que vio al Jedi de pie en la escotilla de la nave estelar de Padme.
Tampoco había imaginado nunca que Obi-Wan poseyera la fuerza para derrotarle tan brutalmente.

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