domingo, 5 de abril de 2009

El honor de los Jedi (85)

85
Siguen el pasillo durante dos kilómetros antes de encontrar una puerta. Luke pulsa el botón de apertura, con el sable de luz en la mano. Mientras la puerta se abre con un siseo, las luces del techo de la habitación se activan automáticamente. Contenedores de plasticompuesto llenan la sala desde el suelo hasta el techo.
-Sólo un almacén –dice Luke, volviendo al pasillo.
-¿Qué es eso? –Sidney inclina la cabeza. Sus orejas comienzan a moverse nerviosamente.
-¿Qué? –preguntan simultáneamente Luke y Gideon.
-Ese lamento... proveniente del fondo del pasillo.
-Estás imaginando cosas –responde Gideon.
Luke duda. Quizá el también oiga algo: un chillido mecánico… pero tan débil que podría estar imaginándoselo.
-Podrían ser…
-¡Motores de repulsión! –termina Luke, reactivando el botón de apertura-. Entremos.
El sonido aumenta de volumen de forma increíble. Gideon, Sydney y Erredós cruzan rápidamente la puerta. Luke les sigue un instante después. Un pequeño punto ha aparecido al fondo del pasillo.
Cierra la puerta, pero usa el mango de su sable de luz para evitar que se cierre por completo. Un instante después, un relámpago negro pasa rápidamente por su lado. Luke pulsa el botón de apertura y da unos pasos fuera de la sala. Un carro repulsor negro se aleja por el pasillo, ya tan distante que el conductor apenas es visible.
Volviendo de nuevo a la sala, Luke informa a los otros.
-Sólo era un carro repulsor. Pero me recordó algo: esto es todo un planeta. Si no averiguamos dónde está Erling, nunca saldremos de aquí.
-Quizá esto ayude –dice Sydney- Saca un uniforme negro de un contenedor.
-Un uniforme imperial quizá impida que nos atrapen tan rápido –dice Gideon-, ¿pero cómo podemos usarlo para movernos por este mundo infernal?
Erredós silba desde el otro lado de los contenedores. Luke sigue el sonido y le encuentra junto a un terminal de vídeo. Ha extendido su apéndice de interfaz electrónica de modo que está casi rozando la clavija del ordenador.
-Puede que Erredós tenga una respuesta –dice Luke-. Adelante. Mira a ver si puede localizar a Erling Tredway.
Erredós se conecta a la clavija. Diagramas esquemáticos destellan por la videopantalla tan rápido que Luke ni siquiera puede contarlos. Un minuto después, aparece un mensaje en la pantalla: “Información clasificada. Introduzca código de autorización.”
Sydney sostiene el uniforme sobre los hombros de Luke.
-Puedes hacerte pasar por el oficial imperial. Si la unidad R2 puede encontrar el Centro de Mando, puedes averiguar dónde retienen al Erling.
-¿No puede esa máquina buena para nada puentear la autorización? –pregunta Gideon-. No quiero estar más cerca de Sebastian Parnell de lo que sea necesario.
Luke considera ambas opciones. Ciertamente que Erredós puede puentear el código de autorización, pero hay muchas probabilidades de alertar a los imperiales al hacerlo. Por otra parte, hacerse pasar por un oficial imperial puede ser peliagudo. Si falla una contraseña o parece ignorante, hay una probabilidad tan grande de activar una alarma como la que tendrían si Erredós tratase de puentear el código de autorización.

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