lunes, 18 de mayo de 2009

El honor de los Jedi (19)

19
Luke enfunda su pistola bláster y agarra su sable de luz. Comparados con un sable de luz, los blásteres son armas torpes e imprecisas en el cuerpo a cuerpo. En manos experimentadas, un sable de luz es el doble de eficiente y muchas veces más rápido que cualquier arma tradicional.
Con un aullido de determinación, Luke activa la hoja y salta hacia delante. Al escuchar el salvaje alarido de Luke, el hombre carismático se tira al suelo buscando protección... a los pies del gobernador Parnell. Parnell extrae su pistola bláster y la presiona contra el cuerpo del hombre. Luke ahora se encuentra frente a frente con los cuatro soldados de asalto supervivientes, con su sable de luz zumbando con impaciencia. Los soldados mantienen sus armas listas para disparar, pero esperan instrucciones del general.
-Por favor -insiste en voz suave el humano-. Que no haya más derramamiento de sangre en mi nombre.
Luke pasa a una postura defensiva, trazando un patrón de escudo con su hoja de energía.
-¿Quién eres? -pregunta, sin apartar la mirada de los soldados de asalto-. ¿Por qué te busca esta escoria?
-Él es Erling Tredway -sisea el general-. Y lo que el Imperio tenga que tratar con él no es de tu incumbencia, niño.
-Me incumbe ahora, Parnell. Déjelo marchar, amenaza Luke, deseando que su voz parezca más amenazante de lo que la situación indica.
-Usted no está en posición de hacer peticiones -replica el general.
-Lo está si sabe usar ese sable de luz -gruñe una voz grave detrás de Luke-. Y yo le apoyaré.
El general vuelve su mirada a quien acaba de hablar. Luke no se atreve a girarse para ver a su recién encontrado aliado.
-¿Qué va a hacer, gobernador? -pregunta Luke.
Parnell pasa la mirada de la voz grave a Luke, y luego a sus soldados de asalto. No lo duda ni un momento.
-¡Matadles! -dice.
El primer soldado de asalto se prepara para disparar y Luke entra en acción. Se mueve en una combinación de instinto y actos conscientes, esquivando hacia un lado el punto al que apuntaba el soldado de asalto y moviendo su sable de luz hacia abajo en el mismo movimiento fluido. El bláster destella y explota cuando el sable lo parte en dos, empujando al soldado contra su compañero. Orificios y manchas negras cubren su armadura. Parece que la armadura ha absorbido la peor parte del daño, pero las rodillas de la víctima se doblan como si se hubiera quedado inconsciente.
Un disparo de bláster rojo brilla frente a Luke, golpeando a un soldado de asalto justo en el centro de la placa pectoral. El impacto lo empuja contra el muro, donde queda suspendido por un instante. Luke no puede mirar para ver quién hizo ese disparo, porque el tercer soldado de asalto se ha vuelto para enfrentarse a él.
El soldado dispara, pero el disparo golpea el sable de luz de Luke y rebota. Si había movido la hoja instintivamente para protegerse, o si había tenido suerte, Luke nunca lo sabría. Sintió un ligero cosquilleo en lo profundo de su cerebro, y entonces dio un paso adelante y lanzó un tajo con la hoja de su sable cruzando el abdomen del soldado. El hombre cae inmediatamente, y su grito no fue menos estremecedor por pasar a través de un transmisor electrónico.
Luke se giró para enfrentarse al último superviviente, pasando por encima del soldado cuyo bláster había explotado. El superviviente sostenía su rifle bláster con una mano sin esperanzas de salir victorioso. Luke avanzó su sable de luz hacia el soldado de asalto de modo que pudiera golpear fácilmente al bláster o al hombre.
-Suelta el arma -ordena-. No quiero matarte.
El soldado de asalto duda. Luke casi ve el miedo reflejado en el casco blanco. Un crudo juramento crepita a través del transmisor electrónico.
-¡Antes morir que rendirme!
El soldado mueve el arma hacia Luke. El joven rebelde debe responder; con un balanceo del sable abre la armadura como si fuera el caparazón de un crustáceo.
Luke aparta su atención del soldado moribundo. El general Parnell ha escapado con Erling Tredway durante la batalla. El único signo que queda de ellos es el pestillo echado en la puerta neumática.
-No eres malo con esa cosa, jovencito -dice la voz grave que había ofrecido su apoyo antes-. Pero los he visto mejores.
Luke desactiva la hoja y se vuelve para mirar a quien ha hablado.
-¿Los ha visto? ¿Dónde? -¿Puede que este hombre conozca a un Jedi?
Quien hablaba es el hombre de barba que estaba sentado junto a Luke cuando Parnell entró al hostal. Sus ojos brillan amigablemente con curiosidad.
-Aquí mismo -responde-. En el Cinturón. El padre del joven Tredway tenía un sable. Decía ser una especie de Caballero. ¿Eso es lo que eres tú?
-Me temo que no. El padre de Erling, ¿sigue vivo?
El minero escupe en el suelo.
-No. El Imperio le persiguió hace unos años. Y fue una maldita lástima, además.
Luke agita la cabeza con disgusto, luego vuelve a colgar el sable de luz de su cinturón de herramientas. Parece que nunca encontrará un Caballero Jedi para que le instruya en los caminos de la Fuerza. Ben Kenobi debía haber sido el último Maestro. Luke se obligó a devolver sus pensamientos al aquí y el ahora.
-Si el padre de Tredway está muerto, ¿para qué quiere el gobernador Parnell al hijo? -Luke había desarrollado un cierto sentimiento de unidad con el humano de ojos feroces. El padre Jedi de Erling, como el de Luke, probablemente murió a manos de Vader.
Una multitud se ha reunido alrededor de Luke y el minero, ansiosos por mirar al hombre que había desafiado al gobernador imperial. Un bípedo peludo y rubio con pupilas estrechas responde a la pregunta de Luke.
-El Tredway es el gran líder de la resistencia.
La mención a la resistencia atrae la atención de Luke. Aunque sus ordenes actuales son buscar ubicaciones para una nueva base rebelde, los pilotos de naves espaciales, tienen instrucciones permanentes de investigar movimientos de resistencia locales siempre que sea posible.
-Ese chico no merece ni lustrar las botas de su padre -interrumpe el minero-. Se cree una especie de predicador; yo digo que es sólo un cobarde.
-El camino cobarde es el derramamiento de sangre -replica tranquilamente el bípedo-. El Tredway está por encima de semejante locura.
-Aprenderá el error de sus métodos en Tol Ado -responde el minero-. Tan seguro como que existe el vacío que el gobernador sí cree en el derramamiento de sangre... y en cosas mucho peores, también.
-¿Tol Ado? -pregunta Luke.
-El planeta prisión del sector -dice el bípedo de pelo amarillo, con una mueca de disgusto en su hocico chato-. Aquel que entra nunca regresa.
Un escarabajo-propietario se desliza entre la multitud y frota entre sí sus antenas vigorosamente, creando una serie de agudos chirridos. El minero escucha por un instante, luego estalla.
-¡Ahora escucha, cabeza de chorlito! Envía la factura a Sebastian Parnell. Gideon Smith no va a pagar ni medio crédito para cubrir el daño de los imperiales.
El escarabajo vuelve a silbar con sus antenas.
-¡No pensaba volver de todas formas! -responde Gideon. Empuja a Luke-. Será mejor que salgamos pitando si no queremos unirnos a Tredway en Tol Ado -dice.
Luke hace una ligera pausa.
-Quizá lo hagamos.
La muchedumbre lanza una exclamación colectiva y Gideon estudia a Luke como si acabara de quitar el resorte de seguridad de un detonador termal.
-¿Para qué querrías hacer eso?
-¡Para rescatar al Tredway! -proclama el bípedo de pelo amarillo.
Luke asiente.
-¡Alguno de esos soldados de asalto te ha dejado alguna pieza suelta en la cabeza! -exclama Gideon-. Podemos entrar bastante fácilmente, pero no lograremos salir. Lo mejor que podemos hacer es seguir con nuestros negocios y olvidarnos de esta locura.
Luke no responde de inmediato. Gideon está en lo cierto: intentar rescatar a Erling es una locura. Los planetas prisión imperiales son francamente seguros. Aunque sus órdenes le dejaban manga ancha para investigar movimientos de resistencia locales, ni las más liberales interpretaciones permitían penetrar en una instalación semejante.
Por supuesto, los oficiales rebeldes siempre pueden hacer uso de su propia iniciativa para abandonar una misión de cara a perseguir una oportunidad inesperada, siempre que la oportunidad sea más importante. Pero, sin importar como vea Luke la situación, no puede decir que Erling Tredway sea más importante que buscar una nueva base. Sabe poco sobre el hombre, aparte de que tiene una presencia de mando inusual y está animando a las formas de vida locales a resistir pasivamente al Imperio. Sólo la probabilidad de que el padre de Erling, como el de Luke, fuera un Caballero Jedi, le impide rechazar el rescate automáticamente. Parece poco apropiado abandonar su misión para perseguir lo que en última instancia es una tarea muy personal.

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