lunes, 6 de mayo de 2013

¡La bolsa o la vida!

¡La bolsa o la vida!
John J. Richardson III

Las luces y colores del hiperespacio se arremolinaban en el exterior de la cabina del Saltacielos. Tenían un efecto casi hipnótico en su capitán, Drev Jalok, mientras este miraba por el parabrisas. Su mente estaba ocupada pensando en lo que haría con todos los créditos que obtendría una vez entregase su cargamento en Altier. Este era el gran éxito que había estado esperando. Tendría suficiente para que le durase durante muchísimo tiempo, incluso de la forma en la que él gastaba los créditos.
De pronto, sonó una sirena de advertencia, indicando que la nave estaba a punto de salir del hiperespacio. Jalok rápidamente despertó de su ensoñación. Qué extraño, pensó Jalok. Aún falta mucho para el sistema Altier. ¿Qué puede haber...?
Con una sacudida, el Saltacielos salió al espacio real. Acechando justo delante y creciendo a cada segundo había un gran asteroide.
-¡Hijo de gundark! –Jalok tomó los controles, tratando de virar para alejarse de la inmensa roca.
Sullub Soonin, el copiloto sullustano de Jalok, apareció en la puerta de la cabina, balbuceando excitado. De pronto, su gomoso labio inferior quedó inmóvil cuando vio el asteroide. Soonin se lanzó a los controles para ayudar a Jalok, pero era demasiado tarde. Aunque consiguieron evitar que el Saltacielos se estrellase de lleno contra el asteroide, la nave aún pasó rozándolo literalmente.
Soonin miró las lecturas de daños y farfulló a Jalok. Jalok sabía que estaban en problemas sin la torreta ventral ni los escudos. Luego comprobó los sensores. Seis cazas. Dos viejos Cazadores de Cabezas Z-95, dos cazas Zebra y dos alas-Y. Y una nave capital: una corbeta corelliana.
-¡Prepara y dispara la torreta dorsal mientras trato de establecer nuevas coordenadas y nos saco fuera de aquí! –ordenó Jalok.
Los cazas enemigos rodearon al carguero como un enjambre de insectos de metal mientras la corbeta se colocaba en posición. Soonin consiguió abatir a uno de los Zebras, pero les superaban en número. El sullustano agitó la cabeza y murmuró para sí.
La corbeta abrió fuego sobre el Saltacielos con su cañón iónico. El panel de instrumentos quedó engullido por relámpagos azules, ionizando los controles.
Otro impacto sacudió el Saltacielos. Una luz en el panel de instrumentos indicó que el motivador de hipermotor estaba dañado. Soonin gruñó algo acerca de estar indefenso.
El comunicador cobró vida con un chasquido.
-¡La bolsa o la vida! –atronó una familiar voz triunfante.
Jalok apretó los dientes y golpeó el panel de control con el puño.
-¡Drednar!

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