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Deambulas entre
los parroquianos de la cantina y te sientas en el reservado, enfrente del
rodiano. Es un tipo raro, con grandes ojos negros bulbosos, un hocico verde, y
un chaleco blindado con algunas insignias cosidas en él. Un vaso medio lleno de
un líquido púrpura descansa en la mesa frente al rodiano. Miras al otro lado de
la mesa y le sonríes.
El rodiano echa
mano a un bolsillo del chaleco y saca un fino cuadrado de plástico con una
imagen holográfica en él. Mira a la holografía, luego a ti, luego de nuevo a la
holografía. Asiente con la cabeza y luego vuelve a guardarse la holografía en
el bolsillo de su chaleco.
-Oo-ta goo-ta,
Blaine? –dice el rodiano con voz nasal.
-¿Qué? –respondes
(no entiendes rodiano)-. Lo siento, ¿qué ha dicho?
-Oo-ta goo-ta,
Blaine? –repite el rodiano, esta vez extrayendo el bláster de su funda y
apuntándote con él por encima de la mesa. Aparentemente, este rodiano es un
cazarrecompensas que trabaja para el señor del crimen al que debes dinero. Es
bastante obvio que sus órdenes son capturarte... por cualquier medio
disponible. Probablemente hay pocas posibilidades de que puedas desenfundar tu
propio bláster para freír al rodiano... al menos, no antes de que él te fría a
ti. Pero tienes otras opciones:
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